miércoles, 10 de noviembre de 2010

Una breve Reseña sobre el Anarquismo en Venezuela

La incidencia anarquista en la historia venezolana ha sido menos marcada que en otros lugares de Latinoamérica, donde se manifiesta vigorosamente a través de luchas colectivas, publicaciones, personajes y debate de ideas. Sin embargo, merece evocarse pues no ha dejado de tener influencia en nuestra evolución social y cultural.

Del Siglo XIX al primer tercio del XX, algunos intelectuales locales fueron simpatizantes o lectores tolerantes del anarquismo, pero sin nada parecido a un Flores Magón, Barret, Oiticica, González Prada u otros de sus exponentes conocidos en el pensamiento continental [Cappelletti 1990]. Los pocos que exploraron la senda libertaria apenas dejaron referencia escrita y luego optaron por el positivismo o el marxismo; sólo valdría mencionar a Pío Tamayo, que en la cárcel instruyó a jóvenes luchadores antigomecistas en el “socialismo de Bakunin y Marx”, hasta poco antes de morir en 1936 [Sananes 1987]. Considerando las luchas populares, historiadores de la Guerra Federal (1859/1863) -la mayor conmoción social en Venezuela entre la Independencia y la era petrolera- destacan la influencia que tuvieron Proudhon y el socialismo francés en Ezequiel Zamora, el General del Pueblo Soberano. El programa del federalismo zamorista es claro: “…horror a la oligarquía, libertad de hombres y tierras, igualación social”, expresando una intención radical que sólo se pudo detener con su asesinato [Brito Figueroa 1981].

A comienzos del Siglo XX, emigrantes anarcosindicalistas europeos contribuyeron a que la organización obrera asomara pese al atraso económico, social y cultural [Rodríguez 1993]. Esos esfuerzos -formación de mutuales y gremios, huelgas, propaganda, etc.- fueron algo más notorios al iniciarse la industria petrolera, pero la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908/1935) persiguió con saña toda actividad sindical, impidiéndole desarrollarse como en otras latitudes. Los escasos y acosados militantes sociales dentro del país intentaban con muchas dificultades hacerse de un pensamiento político, mientras la mayoría del exilio antigomecista era ajeno a influencias radicales. Entre la minoría, el atractivo en expansión del bolchevismo ruso resultó demasiado fuerte para que el anarquismo ganase adeptos. Cuando esa fracción marxista regresó tras la muerte del tirano, ocupó totalmente el campo de la izquierda, absorbiendo al puñado de lectores y discípulos clandestinos del ideal libertario, que estuvieron incluso entre los fundadores del Partido Comunista de Venezuela (1936) y Acción Democrática (1941), partidos que controlaron el proceso de organización política de masas en el período posterior. Adicionalmente, la represión anti-anarquista tenía rango constitucional y se instrumentó en la llamada “Ley Lara”, vigente entre 1936/1945.

En los años 40 y 50 llegaron muchos exilados anarquistas ibéricos, que afrontaron no sólo el peso de la derrota en la Guerra Civil Española, sino un medio adoptivo donde sus ideas eran vistas como extrañas. La perentoria necesidad de subsistir y tener que adecuarse al ambiente de cerril autoritarismo fueron obstáculos adicionales para dificultar la organización de potenciales simpatizantes criollos; sin embargo, se hicieron esfuerzos palpables, particularmente tras 1958 al finalizar 10 años de dictadura militar, cuando se estableció la Federación Obrera Regional Venezolana (FORVE) -afiliada a la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT-IWA), agrupación mundial anarcosindicalista fundada en 1922-, se formaron algunos grupos específicos, se editaron publicaciones periódicas, folletos y libros, pero poco de esta actividad trascendió fuera de los círculos más concientizados de emigrantes peninsulares [Montes De Oca 2008].

La oleada de impugnación sociopolítica que se vivió mundialmente a fines de los años 60 -especialmente el mayo francés de 1968 con su indudable raíz libertaria- también llegó al país. Su huella fue evidente en la Renovación Universitaria que conmocionó a las principales instituciones de Educación Superior entre 1968 y 1970, para mantenerse presente en movimientos estudiantiles y de cultura alternativa posteriores. Sin embargo, salvo la menguante presencia de los veteranos españoles, pasarán años para que existan agrupaciones que se identifiquen con el ideal y la práctica anarquista, pues en los 70 el marxismo aún se consideraba soporte ideológico insustituible de cualquier propuesta revolucionaria en Venezuela.

Entre 1980 y 1995 emergieron intentos de organización cabalmente anarquistas buscando conectarse con luchas y movimientos sociales, siendo el Colectivo Autogestionario Libertario (CAL) el más visible. Se editaron El Libertario -9 números entre 1985 y 1987, a cargo del CAL- y Correo A -28 números entre 1987 y 1995-, periódicos que fueron referencia y punto de reunión para algunos activistas, donde hubo quienes venían del marxismo, exilados ácratas latinoamericanos, y, principalmente, jóvenes que llegaban al anarquismo desde la escena punk. También se hizo notar la actividad académica y divulgativa de Ángel Cappelletti, anarquista argentino que laboró en Venezuela por 26 años [Méndez y Vallota 2001]. Pese a las dificultades para hacer comprender e impulsar propuestas anarquistas de autogestión y acción directa en un medio donde era casi absoluto su desconocimiento o mala interpretación, poco a poco se despejaron caminos para llegar a diversos ámbitos donde se expresaban iniciativas afines. Además, ocurrió el estallido popular del 27/02/1989, “El Caracazo”, que junto a otros eventos nacionales (en especial, la crisis del rentismo petrolero y del modelo político establecido en 1958) e internacionales (como el derrumbe de las burocracias del Este de Europa), abrieron espacios para propagar el ideal libertario.

El esfuerzo por asociar anarquismo y luchas colectivas concretas se hizo más patente al reaparecer El Libertario desde 1995, cuyo grupo responsable se identificó hasta 2007 como Comisión de Relaciones Anarquistas (CRA), para luego denominarse Colectivo Editor de El Libertario. Es la publicación más perdurable en la historia ácrata local, editando unos 5 números cada año, con una difusión significativa al comparar con empeños semejantes del país o del continente. Junto a ella, hay núcleos e iniciativas anarquistas con áreas de intervención varias y ubicadas en diversas regiones, destacando el funcionamiento de locales específicos (como el CESL en Caracas, el CEA en Mérida y el Ateneo La Libertaria, primero en Biscucuy y después en el área rural al suroeste de Lara), la organización en enero de 2006 del Foro Social Alternativo en Caracas, la actividad de la Cruz Negra Anarquista, la edición persistente de variados materiales de divulgación, y el impulso dado a distintos eventos de protesta social y agitación cultural. Este proceso ha debido superar la prueba de la “revolución bolivariana”, acaudillada por Hugo Chávez, que para los anarquistas representa una tramoya demagógica, corrupta, militarista e ineficiente ante la cual ha alucinado buena parte del socialismo local y mundial, dificultando en mucho el desarrollo de movimientos populares autónomos, línea de acción que promueve el anarquismo venezolano.

jueves, 28 de octubre de 2010

El Chino Valera Mora


El 20 de septiembre, vino al mundo Víctor Valera Mora (1935-1984), uno de los más singulares poetas venezolanos y uno de los más desenfadados que haya producido la lengua. Mejor conocido como El Chino Valera Mora, su poesia son balas furibundas y despiadas hacia los cerebros poseidos por la estupides, y a la vez dulces frases para seguir en la lucha, para no rendirnos ni pacificarnos... como dijo Manuel Bermúdez sobre el Chino “De todos los poetas contestatarios, ha sido Víctor Valera Mora el que ha nutrido más a la Revolución con su palabra, sin cobrarle un centavo, ni mucho menos vivir a costa de ella”... Tus versos que nunca fueron tuyos sino de todos resuenan mas que nunca. Salud Compañero!!!
NUESTRO OFICIO
Por este empecinamiento del corazón en hacerse horizonte por completo:
nosotros, que hemos participado en los grandes acontecimeintos históricos,
que hemos ayudado en lo construidoaún con un poco de tristeza,
digamos casi mucha.
Guardamostoda nuestra radiante alegría para lo que construiremos cuando el pueblo llegue.
Podemos caer abatidos por las balas más crueles y siempre tenemos sucesor:
el niño que estremece las hambres consteladas agitando feroz su primer verso.
O el otro, el de la disyuntiva,que no sabe si hacerse flechero de nubes
o escudero del viento.
Jamás la canción tuvo punto final.
Siempre deja una brecha, una rendija,
algo así, como un hilito que sale,
donde el poeta venidero puedair halando,
ir halando, ir halando,halando hasta el mañana.
Nosotros, los poetas del pueblo,cantamos por mil años y más...

Discurso de Bakunin en el congreso de la AIT

—Compañeros de la Asociación Internacional de Trabajadores: Estoy verdaderamente abrumado ante las reformas innumerables con que por una parte los honrados campesinos defienden el efecto de su trabajo con ayuda de mutualidades y de un crédito gratuito que de forma tan desinteresada como sorprendente obtendrán de bancos públicos. Además me admira que consideren a la familia como base esencial de la sociedad, a la propiedad individual de la tierra y la herencia como su condición, y al trabajo de la mujer como destructor de la vida doméstica.
—Todavía contemplo con mayor asombro los razonamientos que el delegado Eccarius, en nombre y representación del Señor Marx, –que por cierto no se ha dignado estar presente en ningún Congreso obrero alejado de su feudo de Londres– adelanta en favor, no de la familia ni de una cooperativa, sino del mismo Estado, que en poder de los trabajadores, se hará dueño de la tierra y de todos los medios de producción para repartir el efecto del trabajo colectivo entre los miembros de la sociedad.
—Dejando de lado todas estas complicaciones, los anarquistas estimamos que a la hora de encontrar remedio a los males y de conseguir la felicidad del género humano, no hace falta establecer nuevas leyes e instituciones, sino sencillamente abolir todas las existentes. Sólo de esta forma los hombres, uniéndonos libremente en federaciones cada vez más amplias, podremos construir nuestro destino social, sin interferencias de ningún poder artificial extraño, grande o pequeño, natural o sobrenatural.
—Confieso mi profunda admiración por el señor Proudhon, que al construir su sistema económico se atrevió a dejar fuera de juego al Estado, demostrando su autoritarismo y su impotencia, y sustituyéndolo, aunque sólo sea en un acto genial de imaginación, por comunidades campesinas familiares y por mutualidades independientes de cualquier poder centralizado. Pero es preciso llevar su programa político hasta sus últimas consecuencias para conseguir la libertad absoluta de los hombres y hacer de ella el principio de cualquier sociedad del futuro.
—De esta forma queremos la abolición de la familia jurídica y del matrimonio, tanto eclesiástico como civil, del que se deriva necesariamente el derecho a la herencia. Queremos también la igualación de los derechos políticos y socioeconómicos de las mujeres y los hombres, y queremos que la tierra pertenezca a las comunidades agrícolas que la trabajen y el capital y los instrumentos de producción a los obreros, unidos en asociación.
—Queremos sobre todo que desaparezca el Estado y el principio de autoridad sobre el que se apoya, y con él todas las instituciones eclesiásticas, políticas, militares, burocráticas, jurídicas, académicas, financieras, económicas y cualquier otra que inventase el inagotable ingenio del hombre. Queremos la autonomía absoluta de cada individuo, cada federación de trabajadores, cada asociación de federaciones, y cada pueblo para ser lo que quiera ser, organizándose desde abajo hacia arriba de acuerdo con el principio intocable de la libertad.
—Ya me doy cuenta de que todas estas aspiraciones de los anarquistas van a sonar como una descarga de pólvora en los oídos del señor Marx, esposo ejemplar de una aristócrata de muy buena familia, padre amantísimo de sus tres hijas y sobre todo profesor de filosofía, dispuesto a enseñar su doctrina infalible a esta serie de infelices obreros, por quienes seguramente siente el más profundo desprecio. Pero a pesar de todo debe escucharme sin perder la paciencia, por muy desagradables que sean mis pretensiones de anteponer la experiencia revolucionaria a cualquier sistema científico excluyente y definitivo.
—Según el programa expuesto por el señor Marx en el primer Manifiesto Comunista, publicado hace ya más de veinte años, la primera obligación del proletariado obrero es conquistar el poder político y crear un nuevo Estado popular, regido de acuerdo con los principios de lo que solemnemente llama el centralismo democrático. Hasta tal punto que por medio de su inmensa tramoya jurídica intervendrá en la vida individual y colectiva, suprimiendo la espontaneidad de sus desgraciados súbditos y determinando su forma de ser y de pensar.
—En cambio nosotros repetimos lo que ya hemos dicho en Berna ante la Liga por la Paz. Aborrecemos al comunismo porque es la negación de la libertad y no podemos concebir ni un pensamiento, ni un acto verdaderamente humano sin libertad. No somos comunistas porque el comunismo aspira a absorber todos los poderes de la sociedad en el Estado, que de esta forma centraliza inevitablemente en sus manos toda la propiedad. Nosotros queremos la desaparición del principio de autoridad y la abolición completa y sin marcha atrás del Estado, que con el pretexto de realizar la moral de los hombres, no ha hecho otra cosa que oprimirlos y explotarlos, manteniéndolos en la miserable condición de esclavos.
—Pero no os preocupéis, compañeros, el señor Marx y la escasa camarilla que le sigue, nos ofrece el consuelo de que el Estado –su Estado– estará dirigido por una minoría privilegiada de ilustrados, que impondrán su ley al resto de la población ignorante. Además esa minoría que por un acto pretendidamente revolucionario y gracias a su disciplina y a su organización jerárquica habrá conseguido desplazar del poder a la burguesía, se compondrá de trabajadores.
—Ciertamente tiene razón, esos déspotas novicios van a ser, no sólo trabajadores, sino antiguos trabajadores, que en el momento de pisar las alfombras de los despachos del nuevo Estado se olvidarán de su vieja condición, convirtiéndose en los más altos funcionarios y mirando desde arriba a los obreros de la ciudad o del campo. Y yo os digo que en ese mismo momento ya no forman parte del pueblo, ni siquiera lo representan, pues se representan a sí mismos y a su ambición de poder.
—De acuerdo con la doctrina del señor Marx, la revolución no debe abolir al Estado, sino fortalecerlo al máximo, entregándolo a sus guardianes y maestros, los dirigentes del partido comunista, que concentrarán todos los poderes del gobierno en sus manos. Crearán un banco estatal único, nacionalizarán toda la producción industrial, comercial y agrícola y crearán una nueva clase privilegiada de ingenieros estatales. Quien crea que las cosas no han de ser así, a pesar de su ciencia, demuestra un desconocimiento total de la naturaleza humana.
—Hasta tal punto el señor Marx es consciente de las contradicciones de su programa político que ya en el mismo Manifiesto concede que la dictadura de la clase obrera es un momento transitorio aunque necesario de la revolución. A medida que la sociedad, férreamente gobernada por sus nuevos dueños, acreciente a la vez la producción y el consumo de bienes infinitos, ya no será necesaria una legislación imperativa que los reparta y el Estado se irá disolviendo hasta desaparecer. Así que la dictadura comunista es el medio y el anarquismo el fin de su acción.
—Deberíamos estar orgullosos de que un adversario dialéctico tan temible como el señor Marx esté de acuerdo con nosotros en el objetivo final, pero de ninguna manera podemos avalar el disparatado sistema con el que pretende alcanzar ese objetivo. Si hacemos caso a sus sabias enseñanzas resultaría que para liberar totalmente a un pueblo la mejor solución es tenerlo del todo esclavizado. Pero la dictadura de cualquier clase social, y mucho más la de una casta de funcionarios públicos, no puede tener otra aspiración que perpetuarse a sí misma, negando para siempre la libertad de sus súbditos.
—Que en esta circunstancia el Estado derive nada menos que a una sociedad anarquista, que baje Dios y lo vea, en caso de que Dios pueda bajar todavía más abajo de donde ahora está. Una idea tan disparatada sólo puede ser producto de la mente de un filósofo alemán, obediente discípulo del estatista Hegel –aunque ahora quiera renegar de su antiguo maestro– que además tiene la pretensión de pertenecer al pueblo elegido.
—Ya estoy oyendo al señor Eccarius, dirigiendo contra nosotros la temible acusación de utópicos. Es posible, pero nuestra utopía será en todo caso una constante e interminable aspiración a la libertad de cada uno y a la fraternidad universal y será también la negación de cualquier sistema y de cualquier poder, mucho más el poder despótico de un Estado, sean quienes sean sus representantes. Sin nosotros será inevitable la dominación de los teólogos, los militares, los burgueses, o los burócratas, pero bastará la existencia de un compañero anarquista, de uno solo, para que se mantenga en el mundo la esperanza de la libertad.
—El proceso histórico por el que los marxistas avanzan por pasos sucesivos hacia la liberación de la humanidad en una sociedad sin clases es también una utopía, pero el peligro de estas utopías graduales es que a veces se realizan parcialmente. Y sería una catástrofe, pero una catástrofe inevitable, que la anunciada revolución llevase a los proletarios al poder y se enquistase en un Estado real, pero tan aborrecible o más que todas las formas de dominación del pasado. La utopía milenarista es, señor Eccarius, positiva, y por eso mismo la más temible y contradictoria de todas.
—Pero lo que todavía es más extravagante y más utópico es el respeto a todos los Estados actuales, que por definición son naciones y la pretensión de que a su lado exista una Asociación Internacional. Y os aseguramos que si en un futuro más o menos lejano las ambiciones de los burgueses son causa de una guerra santa entre ejércitos nacionales los trabajadores de cada Estado seguirán fielmente a sus dueños y se atacarán y mutilarán entre sí furiosamente en nombre de un estúpido patriotismo. Sólo quedan dos alternativas: o la abolición del principio de autoridad y la paz universal o la sumisión al poder político en un conflicto interminable y cada vez más sangriento.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Viva la Anarquia

Quien dice anarquía dice negación del gobierno;
Quien dice negación del gobierno, dice afirmación del pueblo;
Quien dice afirmación del pueblo, dice libertad individual;
Quien dice libertad individual, dice soberanía de cada uno;
Quien dice soberanía de cada uno, dice igualdad;
Quien dice igualdad, dice solidaridad o fraternidad
Quien dice fraternidad, dice orden social.
Entonces quien dice orden social, dice anarquía.

Al contrario quien dice gobierno, dice negación del pueblo;
Quien dice negación del pueblo, dice afirmación de la autoridad política;
Quien dice afirmación de la autoridad política, dice dependencia individual;
Quien dice dependencia individual, dice supremacía de clase;
Quien dice supremacía de clase, dice desigualdad
Quien dice desigualdad, dice antagonismo;
Quien dice antagonismo dice guerra civil;
Por lo tanto, quien dice gobierno dice guerra civil.

lunes, 5 de julio de 2010

Por que somos ANARQUISTAS

Somos anarquistas, porque ya son demasiados siglos los que llevamos soportando toda clase de gobiernos, a cual más tirano, más embustero, más déspota. Somos anarquistas, porque no encontramos ninguna razón para que se nos explote y tengamos que trabajar para que un grupo de vag@s y sinvergüenzas se nos conviertan en millonarios.


Somos anarquistas porque no aceptamos las leyes que están inventadas para asesinarnos y ahogar nuestros gritos de protesta. Somos anarquistas porque no creemos en vuestras guerras, en vuestras patrias, en vuestros dioses.
Somos anarquistas porque detestamos vuestra
policía, vuestros generales, vuestros reyes, y vuestros presidentes. Somos anarquistas porque, lo contrario de vosotr@s, sufrimos por las desgracias humanas.


Somos anarquistas porque queremos la vida libre, sana, de igualdad y respeto mútuo para nuestr@s hij@s. Somos anarquistas porque nos ahogan las lágrimas de tanta gente buena, noble, que lleváis engañando generación tras generación. Somos anarquistas porque estamos avergonzados de vuestra obra, en la cual no vemos más que muert@s, hambrient@s, cárceles, policías, militares, curas y millones de mentiras. Somos anarquistas conociendo vuestro poder, vuestra fuerza, vuestro terrorismo, vuestras calumnias, sabiendo que nos asesináis, nos encarceláis, nos difamais. Nos llamais "terroristas", cuando vosotr@s dominais los pueblos, con bombas, tanques, pistolas, cárceles, torturas y ejecuciones, hospitales psiquiátricos y el infierno. Decís que la Anarquía es caos, cuando en vuestra sociedad estatal y capitalista no vemos más que delincuencia, prostitución, desigualdad; destruís cosechas y millones de seres humanos se mueren de hambre, bombardeais pueblos, ciudades, países enteros, todo lo arrasáis a vuestro paso causando pánico hasta a las estatuas. Vuestra ambición, vuestro egoísmo, vuestra poca inteligencia, vuestra ceguera y locura de poder os está destruyendo a vosotr@s mism@s, vuestr@s hij@s os detestan y vuestr@s niet@s no van a querer ni recordaros, vuestra sociedad se tambalea porque está sostenida de mentiras, terror, artículos, códigos y leyes, premios y castigos…

por eso:


Somos anarquistas!, y seremos anarquistas, para que esta sociedad cambie de abajo arriba, y para que os curéis de vuestra locura peligrosa, os pondremos en una isla para que recapaciteis de tanto mal como habéis hecho.


Somos anarquistas porque es necesario que alguien se enfrente a vosotr@s, que grite vuestras atrocidades, que no se os tenga miedo como David no lo tuvo a Goliat.

Somos anarquistas en la calle, en la cárcel, en la silla eléctrica, ante vuestr@s jueces y en loscementerios. Porque ser anarquista es ser muchascosas que vosotr@s ni comprendeis, ni teneis calidad humana, por eso llevais asesinándonos hace siglos, poneis bombas y nos echais las culpas, incendiais locales y nos encarcelais, meteis vuestr@s chivat@s y vuestra policía en nuestros medios para crear la confusión y el desorden, os valeis de todas las artimañas para destruirnos, y comprobais con pánico que por cada anarquista que matais nacen mil. No podeis perdonarnos que somos l@s que no pactamos con vosotr@s, l@s que no creemos en vuestras promesas, os duele que defendamos la igualdad, la libertad, que creamos en el arte, en el progreso, en la educación de los pueblos, que no necesitamos ni dioses ni amos, que creemos en los seres humanos, en la Naturaleza, en los deberes y derechos de cada un@, que queremos una sociedad de paz, de amor y de respeto mútuo, una sociedad que no se parece en nada a la vuestra.



¡POR ESO SOMOS
ANARQUISTAS...!