lunes, 25 de julio de 2011

Conflicto entre "Comunismo de estado" y Comunismo Libertario.

 El "comunismo de Estado" es una contradictio in términis, es un contrasentido porque el Estado es jerárquico y no admite "comunismo" en su seno, sólo admite desigualdad, jerarquía y burocracia, implicando una cúspide monárquica cuya figura siempre encarna una privatización y concentración del poder. El "jefe", el que detenta el poder, nunca es igual a sus subordinados. Y el Estado siempre se impone sobre la sociedad. La sociedad existe en los términos en que le interesa al Estado, según el régimen económico a conveniencia del Estado.
El "comunismo de Estado" siempre será una farsa cuya realidad es el Capitalismo de Estado. El poder político es "Capital político": la reproducción de la explotación y la opresión requiere organizar grandes espejismos (ideología, discurso) en antiguos y "nuevos" rituales de dominio, pero el Estado siempre es el mismo, el mismísimo Estado. Al final de cada etapa "revolucionaria" subsiste el Estado, luego de haber aniquilado a la "revolución". El "comunismo de Estado" es un modo de producción de la Burguesía de Estado, produce burócratas y burgueses estatales en masa, ello en una lucha de clase contra el proletariado. El "Estado Socialista" del "comunismo de Estado" es un rostro del Estado, una figura del Capital. No hay "Estado de la clase obrera". La emancipación del proletariado no conduce a ningún Estado, pues el proletariado no es portador de ningún Estado. Aquello de lo que es portador el proletariado es el Comunismo. Y el Comunismo del proletariado comporta aniquilar, anular y abolir el Estado, sustituyéndolo por la Federación espontánea de los Consejos Obreros revolucionarios. Hay un solo comunismo y ese comunismo es el de las masas proletarias revolucionarias, organizadas en sus Consejos, habiendo abolido por completo al Estado y a su vástago el Capital. Es el Comunismo Anarquista o Comunismo Libertario.

El enfrentamiento entre "comunismo de Estado" y comunismo (auténtico) libertario, en el cual va implicado el enfrentamiento entre Estado y Anarquía revolucionaria, es el enfrentamiento esencial, pues el Estado-Capital acude al "comunismo de Estado" cuando otras estratagemas han fallado: es la última carta de la Dominación.

domingo, 24 de julio de 2011

”Nuestra canción está llena de libertad, amor y vida. Somos los Piratas de Edelweiss”.

En los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, los miembros del régimen Nazi se dedicaron a fomentar un sentido de lealtad y de derecho innato en la juventud alemana. Los Nazis pensaban que sería demasiado tarde esperar hasta que fueran adultos; la mentalidad Nazi debía ser grabada en los niños si querían que ésta se apoderara de sus mentes y creciera en ellos el sentimiento de apoyo a la causa. La Juventud Hitleriana nació con esa intención.

Aún cuando estaba abierta a niñas y varones ( las niñas podían enrolarse en la Band Deutsche Madel), el principal interés de la Juventud Hitleriana era el de conseguir el control de los varones jóvenes de Alemania. Los varones que tenían entre los 10 y 14 años,
se unían a los Deutsches Jungvolk (Gente Joven Alemana) y los que tenían entre 14 y 18 años se enrolaban en la Hitler Jugend, o Juventud Hitleriana. Durante su punto culminante, los miembros del grupo constituían el 90% de la juventud elegible del país y era la organización juvenil más grande del mundo.
La explicación de la existencia de un porcentaje tan grande de enrolados es clara, si uno piensa que el Reich no sólo consideraba ilegal todas las otras organizaciones juveniles, sino también decretaba obligatorio el enrolamiento en la Juventud Hitleriana; llegaba aún más lejos amenazando a los padres, diciéndoles que sus hijos iban a ser colocados en orfelinatos si se negaban a enrolarse. Cuando los Nazis terminaron de imponer restricciones, cualquier grupo juvenil fuera de la Juventud Hitleriana era considerado criminal.

Al principio, la Juventud Hitleriana funcionaba en forma muy parecida a la de cualquier otra organización de varones. Los varones hacían deportes y juegos, hacían caminatas e iban de campamento, al mismo tiempo que gozaban de su pequeño espacio de independencia lejos de sus familias. Sin embargo, con el paso del tiempo, la Juventud Hitleriana se transformó en un método de enrolamiento y la organización incrementó la
Instrucción militar; muchos de sus miembros se aburrían por la falta de libertad (eran supervisados por miembros de mayor edad que estaban divididos en escuadrones policiales) y estaban insatisfechos con sus actividades, que en el pasado consistían en juegos de atletismo, pero ahora incluían cosas como marchas, ejercitación en el uso correcto de bayonetas, granadas y pistolas, y maniobras en refugios subterráneos, en trincheras y a través de alambrados de púa. La actividad incluía también, robar, vandalizar, pelear e intimidar. (Debido a una regla que le prohibía a la policía arrestar a miembros del Servicio de Patrullaje de la Juventud Hitleriana por su actividad criminal, todo se llevaba a cabo sin temor por las consecuencias.) En breve, estos cambios en la organización hicieron que la gente se diera cuenta de los motivos reales que se escondían tras la formación de la Juventud Hitleriana.

Insatisfechos con los motivos cada vez más transparentes de la Juventud Hitleriana y la pérdida de toda libertad o diversión anunciadas por los miembros en sus comienzos, un sinúmero de chicas y chicos jóvenes empezaron a buscar un modo para apartarse totalmente del grupo. Algunos lo hicieron dejando el colegio, cosa que estaba permitida (era lo normal entre los jóvenes pertenecientes a familias de la clase trabajadora) a la edad de 14 años, o abandonando la Juventud Hitleriana que, debemos recordar, era obligatoria. Si los encontraban tenían que hacer frente a severas consecuencias. Sin embargo, durante el período anterior a la Segunda Guerra Mundial, pequeños grupos (entre 10 a 15 miembros), que comprendían principalmente varones entre los 14 y los 18 años de edad, comenzaron a buscar mutua compañía fuera de la Juventud Hitleriana.

Dichos grupos empezaron a formarse en las ciudades más grandes de la Alemania Nazi, como ser Hamburgo, Leipzig, Frankfurt y especialmente en Colonia, utilizando nombres tales como ”swings” (evasores del servicio militar), ”packs” (pandillas), ”cliques” (pandillas) o ”pirates” (piratas). Los Farhtebstebze o Traveling Dudes (Ciudadanos Viajeros), por ejemplo, eran oriundos de Essen, los Kittelbach Pirates (los Piratas de Kittelbach) procedían de Pberhaussen y Dusseldorf, y los Navajos de Colonia. Se piensa que los miembros de estos grupos, juntos, totalizaron más de 5.000, alrededor de 3.000 sólo en Colonia, y aún cuando cada grupo mantuvo una identidad separada de acuerdo a los lugares donde residían, todos se consideraban como Piratas de Edelweiss.

Llamados así por los distintivos y placas de metal que usaban los miembros en las solapas o los gorros, estos jovencitos de la clase trabajadora se transformaron en ”uno de los grupos juveniles más grandes que rehusaban participar en las actividades de la juventud Nazi,” dice Sally Rogow, docente del Centro de Educación del Holocausto de Vancouver.
Además de sus distintivos de identificación, su pelo largo, el tipo de vestimenta (casi siempre muy colorida, camisas y shorts a cuadros, pantalones oscuros o Lederhosen, medias blancas y pañuelos de cuello) y las canciones que tocaban y cantaban (muchas que contrastaban con la música Volkish Alemana aprobada por los Nazis, estaban escritas por compositores Judíos o tenían letras anti Nazi) estaban todas prohibidas dentro de la Juventud Hitleriana y servían para aumentar las distancias con el grupo. Grupos individuales de los Piratas de Edelweiss se reunían en los cafés, en los parques o en las esquinas a la noche, iban a caminar, a andar en bicicleta en el campo o a viajar haciendo camping, o iban a las ciudades vecinas a visitar a sus compañeros Piratas. No debemos olvidar que dichos pasatiempos, sacados de contexto, parecen muy inofensivos. Sin embargo, de acuerdo a las restricciones Nazis, todo grupo juvenil encontrado fuera de la asociación de la Juventud Hitleriana, era considerada criminal.

Los Piratas generalmente tenían trabajo en molinos o fábricas, pero de a poco se dijo que eran haraganes en su ética de trabajo y que eran solo parias sociales. Debido a sus ambientes similares y entornos comunes, así como su pequeño número, tenían una enorme lealtad entre ellos. Muy a menudo, no tenían amigos fuera de los camaradas de Piratas. El pequeño porcentaje de adolescentes que no se unía a la Juventud Hitleriana era excluído por sus miembros, así que no era de un lado solo, como parecía, el comportamiento anti- social de los Piratas. Además, no deben ser confundidos con ”chicos despojados o delincuentes,” aclara atentamente Rogow. ”Eran simplemente los hijos e hijas de padres de la clase trabajadora” demasiado jóvenes para servir como militares. Sin embargo, tenían pasados difíciles; algunos no tenían padres, pues por sus ideas comunistas, habían sido arrestados o muertos. Otros habían sido dejados sin padres pues ellos estaban peleando en la guerra.

A medida que la guerra progresaba, también lo hacía la seriedad de las actividades en las cuales participaban los Piratas de Edelweiss. Los Piratas de Colonia ”le ofrecieron amparo a los desertores del ejército Alemán, a prisioneros de los campos de concentración y a escapados de los campos de trabajos forzados,” dice Rogrow, mientras que otros ”hacían incursiones armadas a depósitos militares y saboteaban, a próposito, la producción de guerra.” Había otros que le hacían jugarretas a los Nazis. Julich se acuerda como él y sus amigos tiraban ladrillos dentro de las fábricas de municiones y vertían agua con azúcar en los tanques de nafta de los autos de los Nazis. Otros Piratas vandalizaban los muros de las ciudades, pintándolas con spray con frases como: ”Abajo Hitler” o ”Abajo la brutalidad Nazi”. Algunos robaban, saqueaban comida y mercadería de los negocios o los trenes de carga, o descarrilaban vagones de trenes llenos de municiones y abastecían de explosivos a grupos de adultos de la resistencia. Piratas de los diferentes pueblos ”se encontraban en el campo, para intercambiar información obtenida escuchando ilegalmente al Servicio Mundial de la BBC o planear la distribución de panfletos en los pueblos de cada uno, para que la policía local no los reconociera,” dice Hannah Cleaver del Daily Telegraph de Londres. Los panfletos contenían propaganda o alentaban a los soldados Alemanes para que dejaran de pelear y volvieran junto a sus familias.

En una entrevista, Walter Mayer, un miembro de los Piratas de Edelweiss, recuerda que a los 16 años se juntaba en un café de Duesseldorf con sus camaradas de los Piratas, a jugar al billar. Uno de los miembros preguntó, ”Y que vamos a hacer después?” y por ahí uno dijo, ”Ustedes conocen a la Juventud Hitleriana? Todos guardan sus equipos en tal y tal lugar. Hagámoslos desaparecer.” ”Bien, cuando nos vamos a encontrar?” ”En tal y tal fecha. Y eso es lo que hicimos… Creo que empezamos desinflando las gomas. Luego hacíamos desaparecer la bicicleta entera, y llegamos a un punto donde hubo demasiadas quejas.”


Los Piratas de Edelweiss hacían todo lo posible para evitar a la Patrulla de la Juventud Hitleriana que estaba siempre a la búsqueda de miembros de los Piratas, pero algunos provocaban peleas (un de sus lemas era, a fin de cuentas, ”Guerra Eterna contra la Juventud Hitleriana”), atacando a sus enemigos (se usaron revólveres en varias ocasiones), y sintiéndose orgullosos de sus triunfos, que no eran infrecuentes.


Los Piratas que eran agarrados, sabían que tendrían que hacer frente a variadas consecuencias. Como mínimo, los Piratas capturados eran amenazados, golpeados o sometidos a una rapada de cabeza, una de las formas de humillación más popular. También se los ponía presos, eran mandados a reformatorios, hospitales psiquiátricos, o campos de trabajos forzados, de reeducación o de concentración. Otros, simplemente fueron muertos. A los 15 años, el Pirata Julich fue arrestado junto con varios otros, torturado y llevado preso por cuatro meses. El amigo de Julich, compañero de prisión y Pirata, Bartolomaeus (Barthel) Schink, un miembro del Grupo Navajo Ehrenfelder, fue colgado en la prisión de Ehrenfeld, Colonia, en la mañana del 10 de noviembre de 1944. ”La causa de la muerte de Bartel Schink era la de ser miembro de los Piratas de Edelweiss,” explica Julich. ”Y es verdad que el planeó hacer saltar un edificio de la Gestapo en Colonia, junto con Hans Steinbruck” Pero agrega que, Schink nunca había matado a nadie. Shink murió colgado, sin juicio, como un criminal junto con siete adultos y otros 5 adolescentes y Piratas, de los cuales él era el menor.

En 1988, los Piratas de Edelweiss fueron reconocidos como ”Justos entre las Naciones” por Yad Vashem en Jerusalem, pero no fue hasta el año 2005, gracias a la continua instigación de Julich y la Pirata Gertrud Koch, que el grupo fue ”rehabilitado políticamente”, la denominación de criminal que les endilgó la Gestapo fue derogada y fueron reconocidos como ”luchadores de la resistencia” y héroes. ”Nosotros pertenecíamos a la clase trabajadora y fue principalmente por esa razón que recién ahora nos han reconocido.” Le dijo Koch de 81 años, al periodista Cleaver,”Después de la guerra no había jueces en Alemania, por lo tanto los viejos jueces Nazis eran utilizados y sustentaban la criminalización (sic) de lo que hicimos y quienes éramos.” Koch, quien aún ahora usa su apodo o código de Edelweiss, ”Mucki”, dice hablando de los Piratas, ”Quedan solo cinco denosotros en Colonia. Cuatro de los muchachos y yo.”

La historia de los Piratas está obteniendo, muy lentamente, su debido reconocimiento. Julich ha publicado sus memorias y contribuye de varias maneras para otorgarle a los Piratas su merecido reconocimiento. El apoyó la liberación de la película Alemana del 2005, Piratas de Edelweiss, dedicada a Schink y a otros dos adolescentes, proclamándolos ”verdaderos héroes” y su hermosa voz puede ser escuchada en una reciente registración de ”Es guerra en Shanghai”, una canción popular Pirata. ”Es guerra en Shanghai” era una canción romántica de los Piratas que se cantaba alrededor del fuego en los campamentos” explica Julixh. ”No era una canción política, pero está dirigida al deseo de países extranjeros por compañerismo e independencia. Los Nazis no cantaban esta canción porque no era consistente con su ideología.

El hecho de que los Piratas pudieran cultivar su propia ideología fue razón suficiente para impulsarlos a la acción y suficientemente fuerte para respaldarlos, para poder soportar las crueldades que encerraba, es infinitamente impresionante. Puede que haya sido por su
juventud que resultaran tan claras las atrocidades del régimen Nazi y la elección de oponerse fuera total. Su decisión era de resistencia y, como consecuencia, estuvo colmadade penurias, como así también lo estuvo de libertad, pues, como dice una de sus canciones, ”Nuestra canción está llena de libertad, amor y vida. Somos los Piratas de Edelweiss”.

miércoles, 20 de julio de 2011

PETER KROPOTKIN, recuerdos y criticas a un viejo amigo - Por E. MALATESTA!

Por E. Malatesta (Studi Sociali 15 de abril de 1931)




PETER KROPOTKIN es sin duda uno de los que mas ha contribuido- tal vez más incluso que Bakunin y Elisée Reclus- a la elaboración y propagacion de la idea anarquista. Y tiene por lo tanto bien merecido el reconocimiento y la admiración que todos los anarquistas sienten por el.

Pero en homenaje a la verdad y en el mayor interés de la causa, uno debe reconocer que su actividad no ha sido todo totalmente beneficiosa. No fue su culpa; al contrario, fue la misma eminencia de sus cualidades la que dió origen a los males que me estoy proponiendo discutir.



Naturalmente, Kropotkin al ser un mortal entre mortales no pudo evitar en forma continua el error y abrazar la verdad absoluta. Uno debe sentirse por lo tanto beneficiado por su inestimable contribución y la continuación de la búsqueda que conduce a nuevos avances. Pero sus talentos literarios, la importancia y el volumen de su produccion, su actividad infatigable, el prestigio que llego a él como consecuencia de su reputación como un excelente científico, el hecho de que hubo de renunciar a una posición privilegiada para defender, a costa del sufrimiento y el peligro, la causa popular, y además la fascinación de su personalidad que determino la atención de aquellos que tuvieron la dicha de encontrase con el, le hicieron adquirir una notoriedad y una influencia tal que aparecio, y en gran medida realmente lo fue, como el maestro reconocido de la mayor parte de los anarquistas.



Como resultado de lo cual, la crítica se desanimó y el desarrollo de la idea anarquista fue detenido. Durante muchos años, a pesar del espíritu iconoclasta y progresista de los anarquistas, la mayoría de ellos en lo que se refiere a la teoría y la propaganda, no hizo más que citar el estudio de Kropotkin. El expresarse de una manera diistinta a como él lo hizo fue considerado por muchos compañeros, casi como una herejía.



Por lo tanto, sería oportuno someter la enseñanza de Kropotkin a un analisis cerrado y critico, a fin de separar lo siempre vivo y real de lo que penso en tiempos más recientes y que la experiencia ha demostrado erróneo. Una cuestión que no sólo afecta a Kropotkin, ya que los errores que uno puede culparle por haber cometido ya se profesaban por los anarquistas antes que Kropotkin adquiriera su lugar eminente en el movimiento: el los confirmó y luego los hizo sumandoles el peso de su talento y su prestigio; pero cada uno de los viejos militantes, o casi todos, tenemos nuestra parte de responsabilidad.



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Al escribir ahora acerca de Kropotkin no tengo la intención de examinar sus enseñanzas. Sólo quiero grabar algunas impresiones y recuerdos, lo que puede en mi opinión, servir para dar a conocer mejor su estatura moral e intelectual, así como comprender más claramente sus cualidades y sus defectos.



Pero antes de nada voy a decir unas pocas palabras que vienen del corazón porque no puedo pensar en Kropotkin sin ser movido por el recuerdo de su inmensa bondad. Recuerdo lo que hizo en Ginebra en el invierno de 1879 para ayudar a un grupo de refugiados italianos en una situación desesperada, entre ellos yo mismo, me acuerdo de las pequeñas atenciones, que yo llamaría maternales, que me otorgó cuando una noche en Londres al ser víctima de un accidente fui a llamar a su puerta; recuerdo las innumerables acciones para todo tipo de gente, recuerdo el ambiente cordial con los que le rodeaban. Porque él era una persona muy buena, de esa bondad que es casi inconsciente y necesita volver a vivir todo el sufrimiento y estar rodeado de sonrisas y felicidad. Uno podria haber dicho sin siquiera conocerlo que el era una persona realmente buena; en cualquier caso, no le gustaba que alguien haga esto, y se ofendió cuando yo escribi en un artículo en ocasión de su cumpleaños numero 70 que su bondad era la primera de sus cualidades. Más bien se jactaba de su energía y su valentía, tal vez porque estas cualidades se habían establecido en y para la lucha, mientras que la bondad era la expresión espontánea de su naturaleza íntima.



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Tuve el honor y la buena fortuna de estar durante muchos años vinculado a Kropotkin por la más cordial amistad.



Nos amamos, porque nos sentimos inspirados por la misma pasión, por las mismas esperanzas … y también por las mismas ilusiones.



Ambos nos mostramos optimistas por el temperamento (creo sin embargo que el optimismo de Kropotkin supero por mucho el mio y, posiblemente, haya surgido de una fuente diferente) y veíamos las cosas con gafas teñidas de color rosa, ¡ay! Todo era demasiado prometedor- entonces se esperaba, y más que hace cincuenta años, una revolución que se haria en el futuro inmediato y que introduciria nuestra sociedad ideal. Durante estos largos años hubo períodos de dudas y desaliento. Recuerdo una vez que Kropotkin me decía: “Mi querido Errico, me temo que estamos solos, tú y yo, en la creencia de una revolución que yace cerca de nuestras manos “. Pero fueron pasando los estados de ánimo, y muy pronto volvió la confianza; entonces explicamos las dificultades existentes y el escepticismo de los compañeros y seguimos trabajando y esperando.



Sin embargo, no hay que pensar que en todas las cuestiones hemos compartido las mismas opiniones. Por el contrario, en muchos estábamos muy lejos de estar de acuerdo, y casi cada vez que nos encontrabamos hemos tenido debates ruidosos y acalorados, pero como Kropotkin siempre estaba seguro de que la razón estaba de su lado, y no podía sufrir con calma estar en contradicción y, por otro lado, teniamos un gran respeto por su erudición y una profunda preocupación por sus precarias condiciones de salud, estas discusiones siempre terminaban por cambiar de tema para evitar la excitación excesiva.



Pero esto no suponía un peligro para la intimidad de nuestra relación, porque nos amamos, y porque colaboramos sentimentalmente y no por razones intelectuales. Cualesquiera que hayan sido nuestras diferencias en la interpretación de los hechos o en los argumentos por los que justificabamos las medidas, en la práctica queríamos las mismas cosas y estabamos motivados por el mismo sentimiento intenso hacia la libertad, la justicia y el bienestar de toda la humanidad. Por lo tanto, podiamos avanzar en conjunto.



Y, de hecho, nunca hubo desacuerdos graves entre nosotros hasta ese día de 1914, cuando nos enfrentamos por una cuestión de conducta práctica de importancia capital para los dos: el de la actitud a adoptar por los anarquistas hacia la guerra. En esa ocasión, las viejas preferencias de Kropotkin para todo lo que es ruso y francés se despertó y exacerbo en él, y se declaró un entusiasta partidario de la Entente. Parecía olvidar que él era un internacionalista, socialista y anarquista, se olvidó de lo que él mismo había escrito sólo un corto tiempo antes de la guerra que los capitalistas se estaban preparando, y comenzó a expresar su admiración por los peores aliados estadistas y generales, y al mismo tiempo trato de cobardes a los anarquistas que se negaron a unirse a la Unión Sacre, lamentando que su edad y su mala salud le impidió tomar el fusil y marchar contra los alemanes. Es imposible, por tanto, estar de acuerdo con el: para mí era un caso verdaderamente patológico. De todos modos fue uno de las más tristes y dolorosos momentos de mi vida (y, me atrevo a sugerir, también para él) cuando, después del más enconado debate, nos despedimos como adversarios, casi como enemigos.



Grande fue mi pesar por la pérdida del amigo y por el daño hecho a la causa como consecuencia de la confusión que se creo entre los compañeros por su deserción. Pero a pesar de todo, el amor y el aprecio que sentía por el hombre quedaron intactos, al igual que la esperanza de que, una vez que el momento de euforia asi como su propia perspectiva haya pasado, admitiria su error y volveria al movimiento el Kropotkin de antaño.



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Kropotkin era al mismo tiempo, un científico y un reformador social. Él fue inspirado por dos pasiones: el deseo de conocimiento y el deseo de actuar por el bien de la humanidad, dos nobles pasiones que pueden ser mutuamente útiles, y que a uno le gustaría ver en todos los hombres, (sin ser, a todo esto, uno a la vez o uno al mismo al tiempo). Pero Kropotkin era una personalidad eminentemente sistemática y quería explicarlo todo con un principio, y reducirlo todo a la unidad y, a menudo, lo hizo, en mi opinión, a expensas de la lógica.



Así, el utilizo la ciencia para apoyar sus aspiraciones sociales, porque en su opinión, estas eran simples deducciones científicas rigurosas.



No tengo ninguna capacidad especial para juzgar a Kropotkin como científico. Sé que él en su juventud rindio servicios notables a la geografía y la geología, y aprecio la gran importancia de su libro sobre la ayuda mutua, y estoy convencido de que con su vasta cultura e inteligencia noble, podría haber hecho una mayor contribución a el adelanto de las ciencias si sus pensamientos y actividad no huibiera sido absorbida en la lucha social. Sin embargo, a mi parecer él carecía de ese algo que hace a un verdadero hombre de ciencia; la capacidad de olvidarse de las aspiraciones y las ideas preconcebidas y observar los hechos con fria objetividad. Parecía ser lo que yo diría con mucho gusto, un poeta de la ciencia. Por una intuición original, podría haber logrado prever nuevas verdades, pero estas verdades habrian tenido que ser verificadas por otros con menos, o nada de imaginación, pero mejor equipados, con lo que se llama el espíritu científico. Kropotkin era demasiado apasionado para ser un observador preciso.



Su procedimiento normal fue empezar con una hipótesis y luego buscar los hechos que la confirmaban-lo que puede ser un buen método para descubrir cosas nuevas, pero lo que ocurrió, y sin querer, fue que no veía las que invalidaban su hipótesis.



No se atrevía a admitir un hecho, y muchas veces ni siquiera lo consideraba, si no hubiera conseguido explicarlo primero, es decir encajarlo en su sistema.



Como ejemplo voy a relatar un episodio en el que yo jugue un papel:



Cuando estaba en la Pampa argentina (en los años 1885 a 1889), leí algo sobre los experimentos en la hipnosis por la Escuela de Nancy, que era nuevo para mí. Yo estaba muy interesado en el tema, pero no tuve oportunidad en el tiempo para averiguar más. Cuando yo estaba de regreso en Europa vi a Kropotkin en Londres, y le preguntó si él podía darme alguna información sobre la hipnosis. Kropotkin negó rotundamente que hubiera alguna verdad en ella; que toda ella era una falsificación o una cuestión de alucinaciones. Algún tiempo después volví a verlo, y la conversación volvió una vez más en el tema. Para mi gran sorpresa me encontré con que su opinión había cambiado por completo, los fenómenos hipnóticos se había convertido en un tema de interés que merece ser estudiado. ¿Qué había sucedido entonces? ¿Se había enterado de nuevos hechos o había encontrado pruebas convincentes de lo que había negado previamente? No, en absoluto. El, simplemente, habia leido en un libro, por no sé que fisiólogo alemán, una teoría sobre la relación entre los dos hemisferios del cerebro que podría servir para explicar, bien o mal, los fenómenos de la hipnosis.



En vista de esta predisposición mental que le permitió acomodar las cosas a su gusto en cuestiones de ciencia pura, en la que no hay razones por las que la pasión debe confundir la inteligencia, se podria prever lo que ocurriría en aquellas cuestiones que íntimamente se referían a sus más profundos deseos y sus más caras esperanzas.



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Kropotkin adhirio a la filosofía materialista que prevaleció entre los científicos en la segunda mitad del siglo XIX, la filosofía de Moleschott, Buchner, Vogt y otros, y por consiguiente, su concepto del Universo fue rigurosamente mecanicista.



Según su sistema, la Voluntad(Will) (una fuerza creadora, cuya fuente y naturaleza no podemos comprender, como, asimismo, no entendemos la naturaleza y la fuente de la “materia” o de cualquiera de los otros “primeros principios”)-como decía , la Voluntad, que contribuyó mucho o poco en la determinación de la conducta de los individuos y de la sociedad, no existe y es una mera ilusión. Todo lo que ha sido, es y será, desde el camino de las estrellas al el nacimiento y la decadencia de una civilización, desde el perfume de una rosa a la sonrisa en los labios de una madre, desde un terremoto a los pensamientos de un Newton, desde la crueldad de un tirano a la bondad de un santo, todo lo que tiene, debe, y quiere producirse es resultado de una inevitable secuencia de causas y efectos de origen mecánico, que no deja ninguna posibilidad de variedad. La ilusión de la Voluntad es en sí un hecho mecánico.



Naturalmente, si la Voluntad no tiene ningún poder, si todo es necesario y no puede ser de otra manera, entonces las ideas de libertad, justicia y responsabilidad no tienen ningún significado, y no tienen ninguna incidencia en la realidad.

Por lo tanto, lógicamente, todo lo que podemos hacer es contemplar lo que está ocurriendo en el mundo, con indiferencia, placer o dolor, en función de los sentimientos personales, sin esperanza y sin la posibilidad de cambiar nada.



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Así que Kropotkin, que fue muy crítico con el fatalismo de los marxistas, fue él mismo víctima del fatalismo mecanicista, que es mucho más inhibidor.



Pero la filosofía no podía matar a la Voluntad de gran alcance que se encontraba en Kropotkin. Estaba demasiado profundamente convencido de la verdad de su sistema para abandonarlo o mantenerse pasivo mientras otros lo ponian en duda; era demasiado apasionado, y muy deseoso de libertad y justicia para ser detenido por la dificultad de una contradicción lógica, y dejar la lucha. Persuadio el dilema introduciendo el anarquismo en su sistema y convertiendo a este en una verdad científica.



El trataria de confirmar su punto de vista al sostener que todos los descubrimientos recientes en todas las ciencias, desde la astronomía directamente a la biología y la sociología coincidieron en demostrar cada vez más claramente que la anarquía es la forma de organización social que se impone por leyes naturales.



Se podría haber señalado que independientemente de las conclusiones que pueden extraerse de la ciencia contemporánea, es un hecho que si los nuevos descubrimientos fueran a destruir las creencias científicas actuales, habría seguido siendo un anarquista, a pesar de la ciencia, tal como era un anarquista a pesar de la lógica. Pero Kropotkin no habría sido capaz de admitir la posibilidad de un conflicto entre la ciencia y sus aspiraciones sociales y siempre ideaba el medio, no importa si era lógico o no, para conciliar su filosofía mecanicista con su anarquismo.



Así, después de haber dicho que ” La anarquía es una concepción del universo basada sobre una interpretación mecánica de los fenómenos, que abarca todas las sociedades, incluida la vida de las sociedades ” (Confieso que nunca he logrado entender lo que esto podría significar) Kropotkin olvidaba su concepto mecanicista como un asunto sin importancia, y se lanzaba a la lucha con el fuego, el entusiasmo y la confianza de quien cree en la eficacia de su voluntad y que espera por su actividad obtener o contribuir a la consecución de las cosas que quiere.



En realidad el anarquismo y comunismo de Kropotkin eran mucho más la consecuencia de su sensibilidad que de la razón. En él, el corazón habla primero y la razón lo sigue para justificar y reforzar sus impulsos.



Lo que constituyo la verdadera esencia de su carácter fue su amor a la humanidad, la simpatía que sentía por los pobres y los oprimidos. Él sufrió realmente por los demás, y encontró a la injusticia intolerable, incluso si operaba en su favor.



En el tiempo en que frecuentaba con él en Londres, se ganaba la vida colaborando en revistas científicas y otras publicaciones, y vivía en circunstancias relativamente cómodas, pero sentía una especie de remordimiento por haber sido mejor que la mayoría de los trabajadores manuales y siempre parecía querer disculparse por las pequeñas comodidades que podía permitirse. Decía con frecuencia, al hablar de sí mismo y de quienes estaban en circunstancias similares: “Si hemos sido capaces de educarnos a nosotros mismos y desarrollar nuestras facultades, si tenemos acceso a satisfacciones intelectuales y vivir en condiciones materiales no demasiado malas, es porque nos hemos beneficiado, a través de un accidente del renacimiento, de la explotación a que son sometidos los trabajadores y, por tanto la lucha por la emancipación de los trabajadores es un deber, una deuda que debemos pagar. “



Fue por su amor a la justicia, y a modo de expiar los privilegios que había disfrutado, que había renunciado a su cargo, abandonado sus estudios que tanto disfrutaba, para dedicarse a la educación de los trabajadores de San Petersburgo y a la lucha contra el despotismo de los zares. Alentado por estos mismos sentimientos se sumo posteriormente a la Internacional y aceptó las ideas anarquistas. Por último, entre las diferentes interpretaciones del anarquismo el eligió e hizo suyo el programa comunista-anarquista que, al estar basado en la solidaridad y el amor, va más allá de la propia justicia.



Pero, como era obviamente previsible, el tenia sus influencias a la hora de plantearse las cosas, cuál iba a ser el futuro y cómo iba a producirse, siguiendo qué tipo de lucha. Como para él, filosóficamente, todo lo que pasa es porque tiene que pasar, el deseado triunfo del anarquismo comunista también iba a ser inevitable, como si del cumplimiento de una ley natural se tratase.

Dado que, de acuerdo con su filosofía de que lo que sucede necesariamente debe ocurrir, así también el anarquismo comunista que deseaba, inevitablemente, debe triunfar, como si por una ley de la naturaleza. Y esto lo liberó de cualquier duda y elimino todas las dificultades de su camino. El mundo burgués estaba destinado a derrumbarse, ya era hora y la acción revolucionaria sólo sirvió para acelerar el proceso.



Su gran influencia como propagandista, así como la derivada de su gran talento, se basaba en el hecho de que mostró que las cosas eran muy simples, tan fáciles, tan inevitables, que los que lo oyeron hablar o leyeron sus artículos fueron inmediatamente encedidos del entusiasmo.



Los problemas morales desaparecieron porque atribuyo a la “gente”, las masas trabajadoras, grandes habilidades y todas las virtudes. Con razón elogió la influencia moral del trabajo, pero no vio lo suficiente claro los efectos deprimentes de la miseria, la corrupción y el sometimiento. Y pensó que sería suficiente suprimir los privilegios de los capitalistas y el poder de los gobernantes para que todos los hombres empezaran de inmediato a amarse como hermanos y a atender a los intereses de los demas como lo harían por los suyos.



De la misma manera no veía las dificultades materiales, o simplemente las aparto. Había aceptado la idea, a la vez muy extendida entre los anarquistas, de que la acumulación de existencias de alimentos y bienes manufacturados, era tan abundantes que, durante un largo período de tiempo no sería necesario preocuparse de la producción; y siempre declaró que el problema inmediato era el del consumo, que para el triunfo de la revolución seria necesario satisfacer las necesidades de todos de inmediato, así como en abundancia, y que la producción debia seguir el ritmo del consumo. De esta idea surgio la de “tomar de los almacenes” ( “Mucchio presanel”), que polularizo y que sin duda es la forma más sencilla de concebir el comunismo y la más propensa a traer las masas a su favor, pero es también la más primitiva, así como el camino mas utópico. Y cuando se le hizo observar que esta acumulación de productos no podía existir, porque los jefes solo permiten normalmente la producción de lo que pueden vender con beneficios, y que posiblemente en el comienzo de una revolución sería necesario organizar un sistema de racionamiento, y presionar por una intensificación de la producción en lugar de recurrir a ayudarse a sí mismos tomando de un almacén, que en el caso sería inexistente, Kropotkin se dedicó a estudiar el problema de primera mano y llegó a la conclusión de que de hecho tal abundancia no existia y que algunos países eran continuamente amenazados por la escasez. Pero recuperó este pensamiento de las grandes potencialidades de la agricultura con la ayuda de la ciencia. Tomó como ejemplos los resultados obtenidos por los agricultores y los agrónomos pocos dotados en áreas limitadas y señaló las conclusiones más alentadoras, sin pensar en las dificultades que se pondría en el camino por la ignorancia y la aversión de los campesinos a lo que es el cambio, y que en cualquier caso sería necesario mucho tiempo para lograr la aceptación general de las nuevas formas de cultivo y de distribución.



Como siempre, Kropotkin veía las cosas como él hubiera deseado que fueran y como todos esperamos que serán algun día, él consideraba como existente o inmediatamente realizable lo que debe ser ganado a través de una larga y cruenta lucha.



* * *



En el fondo Kropotkin concebia a la naturaleza como una especie de Providencia, gracias a la cual tenía que haber armonía en todas las cosas, incluidas las sociedades humanas. Y esto ha llevado a muchos anarquistas a repetir que “La anarquía es el orden natural”, una frase con un sabor exquisitamente kropotkiano.



Si bien es cierto que la ley de la naturaleza es la armonía, yo sugiero que uno tendría derecho a preguntarse por qué la naturaleza ha esperado por los anarquistas para nacer, y continúa esperandolos para triunfar, con el fin de destruir los terribles y destructivos conflictos que la humanidad ya ha sufrido.



¿No sería más cercano a la verdad decir que la anarquía es la lucha, en la sociedad humana, contra las disonancias de la Naturaleza?



He hecho hincapié en los dos errores que, en mi opinión, Kropotkin ha cometido- su teoría del fatalismo y su excesivo optimismo- porque creo haber observado los resultados perjudiciales que han producido en nuestro movimiento.



Hubo compañeros que tomaron la teoría fatalista-que eufemísticamente denomianron determinismo- en serio y como resultado perdió todo espíritu revolucionario. La revolución, dijeron, no se ha hecho, sino que vendrá cuando el tiempo este maduro para ello, y es inútil, no-científico, e incluso ridículo tratar de provocarla. Y armados con tales razones de peso, se retiraron de la circulación y se ocuparon de sus propios negocios. Pero sería un error creer que se trataba de una excusa para retirarse de la lucha. He conocido a muchos compañeros de gran coraje y valor, que se han expuesto a grandes peligros y que han sacrificado su libertad e incluso su vida en nombre de la anarquía, mientras estaban convencidos de la inutilidad de sus acciones. Han actuado por repugnancia hacia la sociedad actual, con animo de venganza, por desesperación, o por el amor al gran gesto, pero sin pensar en servir a la causa de la revolución, y por consiguiente sin seleccionar el objetivo y el momento oportuno, o sin preocuparse de coordinar su acción con la de otros.



Por otro lado, aquellos que sin preocuparse por la filosofía han querido trabajar por y para la revolución, han imaginado los problemas como mucho más simples de lo que son en realidad, sin preveer las dificultades, y prepararse para ellas … y debido a esto nos hemos visto impotentes, incluso cuando hubo oportunidad de una acción eficaz.

Que los errores del pasado sirvan para enseñarnos a hacerlo mejor en el futuro.



** *

He dicho lo que tenía que decir.

No creo que mis criticas hacia él puedan disminuir a Kropotkin, la persona, que sigue siendo, a pesar de todo, una de las luces brillantes de nuestro movimiento.

Si son justas, servirán para demostrar que nadie está libre de errores, ni siquiera cuando está dotado de la inteligencia y el corazón generoso de un Kropotkin.

En cualquier caso, los anarquistas, siempre encontrarán en sus escritos un tesoro de ideas fértiles y en su vida un ejemplo y un incentivo en la lucha por todo lo que es bueno

martes, 19 de julio de 2011

Ni Olvido Ni perdon


Los que no corren!!!

Aunque conocen el temor, NO corren!
Aunque saben que aquellos (los del poder) no respetan la vida, NO corren! 
Aunque saben que mañana no saldra el sol, deciden HOY levantarse y decir BASTA!!!
Solo los HIJOS DEL PUEBLO, NO corren!!!

viernes, 8 de julio de 2011

Critica del Movimiento estudiantil - La Miseria agrupacion contra la universidad

Que en la sociedad actual, existen cada vez menos ricos que se hacen
progresivamente cada vez más ricos, y cada vez más pobres que continúan
empobreciéndose, lo sabemos todos. Que esta no es una sociedad deseable, y
que por ende debemos hacer algo al respecto, es algo en lo que también
coincidimos la mayoría.
Algunos, sin embargo, critican al capitalismo por ser, en última instancia,
tendiente a la desigualdad económica, y desde esa perspectiva nos llaman a
luchar por una mayor igualdad de posibilidades. Esta visión se inclina, en el
ámbito estudiantil, por decirnos que tenemos que organizarnos para conseguir
el medio boleto, becas, más mesas de examen, un “centro de estudiantes de los
estudiantes”, el cogobierno universitario. Nos dicen que tenemos que generar
una conciencia social de profesionales, ir a barrios donde la pobreza es
implacable para aportar “con nuestro granito de arena a que las cosas estén un
poco mejor”. Nos llaman a los estudiantes a movilizarnos contra tal o cual
“responsable político”. Y todo lo hacen bajo una estética de crítica a lo
imperante, bajo una estética de lucha revolucionaria.
Pero esta crítica es falsa, porque el problema no es la diferencia económica. El
problema es que en el sistema mercantilista, uno esta coaccionado a trabajar
para las necesidades del mercado, ya que el que no vende no puede comprar, y
por consiguiente no puede satisfacer sus necesidades. Para vender, uno tiene
que vender lo que otro esté dispuesto a comprar. Y existe un vasto grupo de
personas, entre las que nos incluimos, que para ingresar en ese enorme mercado
de compra-venta, sólo posee su fuerza de trabajo.
Así, quien posee enormes sumas de dinero, propiedades, etc. no sólo posee
mayor acceso a más bienes y servicios, sino que al mismo tiempo tiene mayor
poder sobre nuestras vidas. Tarde o temprano, si tenemos suerte y alguien
compra nuestra capacidad de
trabajar, terminaremos siendo
sus subordinados.
El problema consiste en que la
sociedad es administrada por
unos pocos ejecutivos, cuadros
políticos, y empresarios,
quienes a su vez toman
decisiones basándose, en última
instancia, en las necesidades del mercado, es decir, con
el fin de aumentar sus ganancias. Es indiferente quiénes
sean las personas que ocupan esos puestos en un
momento dado: lo fundamental es la perpetua
existencia de esos roles.
Como estudiantes, probablemente nos convirtamos en
los esclavos de categoría del sistema; nuestros títulos
nos habrán otorgado la posibilidad de acceder a
trabajos que se le niegan al resto. Sin embargo, nuestro
a c c i o n a r c o m o p r o f e s i o n a l e s c o n l l e v a
indefectiblemente el sometimiento cada vez mayor del
resto de la población. Los ingenieros aumentarán el
índice de producción por persona, reduciendo la cantidad de gente necesaria
para los trabajos y aumentando así la desocupación y las ganancias
del capital. Los médicos alargarán la vida de los trabajadores,
haciendo más barata la mano de obra. Los profesores formarán
nuevos trabajadores calificados, los psicólogos les harán
soportable esta vida de sometimiento, los periodistas les dirán
que la mejor manera de pensar es la de los poderosos, los
filósofos les explicaran sus miserias. Cada uno de ellos gastará
su sueldo en comprar cosas que implican la explotación de otros,
y así circularmente.
La lucha anticapitalista, excede la lógica de la situación del estudiante en la
Universidad, entonces, no sólo no pasa por el Consejo Directivo: no pasa por
ningún tipo de lucha estudiantil, en tanto lucha separada.
Reconocernos como proletarios, aquellos que deben
vender su vida en dosis de 8 horas diarias (en el mejor
de los casos) implica luchar como tales. Reconocer la
explotación en nuestras vidas, en vez de pensar que
los explotados viven en algún otro barrio más pobre
que el de uno, no pasa por una cuestión de egoísmo o
altruismo, sino que es necesario para poder construir
con cualquier otra persona, la organización que nos
permita luchar por nuestra libertad, no desde la
superioridad del profesional, sino desde la humildad
del simple humano.
No encontramos sentido a seguir emparchando al
sistema con reformas universitarias, no porque no nos
interese la mejora en la calidad objetiva de vida de los proletarios, sino porque
eso no pondrá fin a este sistema mercantilista, el cual reconocemos
como causante de las injusticias que nos molestan. Sentimos la
necesidad de organizarnos con afines para atacar sus raíces. Una
Universidad con más becas, es sin lugar a dudas algo deseable para
quienes llegan a fin de mes con la soga al cuello, pero cuando
los reclamos más radicales que podemos hacer en torno a la
institución es que otorguen más becas, eso quiere
decir que nuestra mayor exigencia es apenas que se
mantenga mejor aceitada la maquinaria de
producción de profesionales que es la Universidad.
En cada uno de los que buscamos luchar por nuestra
libertad, existe la posibilidad de construir relaciones
sociales diferentes transformando las de
explotación y competencia, en otras de
colaboración: pero esa posibilidad sólo es realizable
por medio de la auto-organización.
Puesto que la universidad es un engranaje funcional
a este sistema, su reforma no incumbe a la lucha
revolucionaria. Lejos de pelear por mejores condiciones en la producción de
profesionales, debemos abolir los ritos que hemos heredado ingenuamente del
sistema capitalista y su ideología, tales como las elecciones y la organización
partidaria.
Debemos abandonar las estructuras organizativas que nos ponen a unos sobre
otros: es posible tomar decisiones a partir del consenso y la horizontalidad,
siempre lo fue, y hoy lo es todavía más.
¡Abandonemos toda práctica delegativa!
¡Autoorganizemonos para luchar!
Aqui pueden ver la publicacion original Salud y Anarquia!

http://dl.dropbox.com/u/1711799/difusi%C3%B3n%20miseria%20abril%202011.pdf