¡Bah, un borracho! 1 Aquella alegre mañana era tal vez la más triste para el pobre tísico. El sol brillaba intensamente, enriqueciendo, con fulgores de oro, la bella ciudad de Los Ángeles 2 . Hacía algunas semanas que Santiago había sido despedido del trabajo. Estaba tísico hasta la médula, y el “buen” burgués, que lo explotaba desde hacía largos años, tuvo a bien ponerlo de patitas en la calle tan pronto como comprendió que los débiles brazos de su esclavo no podían ya darle las buenas ganancias de antaño. Cuando muchacho, Santiago trabajó con ahínco. Soñaba, el pobre, lo que sueñan otros muchos pobres: llegar a ganar un salario que le permitiera ahorrar algunos centavos con que pasar los últimos días de...