sábado, 25 de agosto de 2018

Louise Michel y la historia de la bandera negra

"La bandera negra hizo su primera aparición "oficial" en la manifestación de los parados en los Invalides, el 9 de marzo de 1883, durante un meeting organizado por el sindicato de carpinteros. Louise Michel, en dicho meeting, enarbola la primera vez una bandera improvisada hecha con una falda vieja negra atada al palo de una escoba. Esta fue la defensa de la bandera negra que ella hizo durante su proceso :

"Hay algo más importante en este proceso que arrancar algunos trozos de pan. Se trata de la idea que perseguimos, de las teorias anarquistas que ellos quieren por todos los medios condenar.
Ellos insisten en el famoso librito "¡Contra el ejército ! " al que el ministerio público ha hecho una publicidad que no nos esperabamos.

Por otra parte, en 1871, se nos ha tratado duramente. He visto a los generales que fusilaban ; he visto M. de Gallifet matar sin juicio a dos comerciantes de Montmartre que nunca habían sido partidarios de la Comuna ; he visto masacrar a los prisioneros porque osaban quejarse : Han matado a mujeres y a niños ; han acorralado a los federales como a bestias salvajes ; he visto las esquinas de las calles llenas de cadáveres. No se asombren si vuestras persecuciones nos conmueven poco.

¡Ah !, ciertamente, señor abogado general, a usted le resulta extraño que una mujer ose defender la bandera negra. ¿Por qué hemos resguardado la manifestación bajo la bandera negra ? Porque esta bandera es la de las huelgas e indica que el obrero no tiene pan.

Si nuestra manifestación no hubiera sido pacifica, hubieramos cogido la bandera roja que está ahora clavada en Père Lachaise, encima de la tumba de nuestros muertos. Cuando la enarbolemos, sabremos defendernos. Nosotros no hemos llamado a la Internacional muerta porque no hemos podido reunir sus pedazos y porque la Internacional es un poder oculto y ya es hora de que el pueblo se muestre a la luz del día.

Ahora mismo, hablabamos de los soldados que tiraban contra los jefes, pues bien, en Sedan, si los soldados hubieran tirado a sus jefes, ¿cree usted que hubiera sido un crimen ? Al menos, el honor hubiera estado a salvo. Mientras que se ha mantenido la vieja disciplina militar, hemos dejado pasar a Bonaparte que iba a liberar a Francia del extranjero.

Pero yo no persigo ni a Bonaparte ni a los "orleanistas" ; no persigo más que a sus ideas. Prefiero más ver a Gautier, Kropotkine y Bernard en la cárcel que al ministerio. Allí, sirven a la idea socialista, mientras que en las situaciones excepcionales, nos inunda el vertigo y olvidamos todo.
En cuanto a mi, lo que me consuela, es que yo veo por encima de vosotros, por encima de los tribunales, levantarse la aurora de la libertad y la igualdad humana. Hoy estamos en la República y estamos en la más absoluta miseria. Pero no es esta la República que nosostros queremos, sino la República en donde todo el mundo trabaje y pueda consumir lo que le sea necesario según sus necesidades.

Se nos habla de libertad : hay la libertad de la tribuna que al final nos condena a 5 años de trabajos forzados. Y en lo que respecta a la libertad de reunón, sucede lo mismo. En Inglaterra, el meeting habrá tenido lugar ; en Francia ni siquiera hemos hecho los requerimientos a la ley para que la gente se retirara sin resistencia. El pueblo muere de hambre, pues bien, yo he cogido la bandera negra y me he ido a decir que el pueblo no tenía trabajo y no comida. Este es mi crimen, juzgenlo como quieran.
Ustedes dicen que queremos hacer una revolución. Pero estas son las cosas que provocan las revoluciones : es el desastre de Sedan lo que ha hecho caer el imperio, y algún crimen de nuestro gobierno, traerá también una revolución. Esto es cierto. Y quizás, ustedes mismos, en su momento, estarán del lado de los indignados si vuestro interés es el de estar allí. Pensad en ello.
Si hay tantos anarquistas, es que hay mucha gente está asqueada de la triste comedia, que desde hace tanto tiempo, nos muestran los gobiernos. Yo soy ambiciosa para la humanidad, quisiera que todo el mundo fuera artista y poeta para que la vanidad humana desapareciera. No tengo demasiada ilusión en ello. Tengánlo en cuenta para cuando el señor abogado hable de mi vanidad. Pues bien, tengo mucho orgullo incluso para ser un jefe : en algún momento es necesario que un jefe se rebaje ante de sus soldados, para después convertirse en un despota.

No quiero discutir la acusación de robo que se me reprocha, eso es demasiado ridiculo. Pero si ustedes me quieren castigar, cometo todos los diías delitos en la prensa, cuando hablo etc. Pues bien, castiguenme por estos delitos.

Resumiendo, el pueblo no tiene ni pan ni trabajo, y no tenemos en perspectiva más que la guerra. Y nosotros queremos la paz de la humanidad y la unión de los pueblos. Estos son los crimenes que hemos cometido.

Cada uno busca su camino, nosotros buscamos el nuestro y pensamos que el día en que reine la libertad y la igualdad, el género humano sera feliz.

Texto de la Defensa de Louise Michel, pronunciado el 22 de junio de 1883, ante la Cour d’Assise del Sena en Ecrits sur l’anarchisme Paris, ed.Seghers, 1964.
[Trad. Maria José P.]

El Futuro del Anarquismo (entrevista a angel cappelletti 1992)


Entrevista a Ángel Cappelletti originalmente realizada para el periódico El Nacional, México, D.F. Abril 8 de 1992. Incluida en el libro El anarquismo y los problemas contemporáneos, VV. AA., editado por Ediciones Madre Tierra Móstoles, 1992.



– Si consideramos el significado etimológico de anarché “ausencia de principio”, el concepto de “anarquismo” parecería referir una noción intrínsecamente contradictoria.

Aquí hay un equívoco que, por cierto, es bastante frecuente. El anarquismo no niega -como mucho suponen- un principio de organización. Más aún: ni siquiera niega el poder. Hay un poder que el anarquismo reconoce como hecho. El poder es inherente a todo individuo y a todo grupo humano. Cada miembro de cualquier sociedad tiene un determinado poder. Si este poder no es interferido artificialmente, se equilibra con los de los demás. Entonces, lo que el anarquismo niega en principio no es el poder, ni siquiera el poder político como tal, sino el Estado, la concentración del poder que implica una división tajante y permanente entre el que decide y el que ejecuta, entre el que manda y el que obedece.

– ¿Estos conceptos también sería aplicable a la idea de autoridad?

Sí, sin duda. El anarquismo no niega la autoridad. El reconocimiento de una autoridad natural, basada en el saber y en la capacidad de los individuos, es algo inevitable. Sería absurdo negar la autoridad en sí. Quizá lo que mejor ilustre esto es que lo sucede en sociedad que podríamos llamar “originariamente anarquistas”, es decir, las sociedades primitivas, donde no existe el Estado. En ellas hay un poder político y hay autoridad; pero no es una autoridad que se basa en la simple competencia. El mejor cazador tiene autoridad, cuando se trata de cazar. El que más conoce las cualidades curativas de las hierbas tiene autoridad, cuando se trata de curar a un enfermo. Pero se trata, primero, de una autoridad parcial; segundo, temporal; tercero, no implica derivación alguna más allá de lo que significa la ejecución misma de la tarea social. El hecho de que yo sea el mejor cazador, dentro un grupo, me da a mí autoridad, cuando se trata de cazar un jabalí, por ejemplo. Cuando hemos cazado el jabalí y retornamos a casa, mi autoridad acabó; no puede transferirse a otro terreno ni me da ningún privilegio en el reparto de la caza. Este es un ejemplo de lo que el anarquismo entiende como autoridad legítima. Un anarquista no puede negar la autoridad de un ingeniero cuando se trata de construir un puente; pero lo que sí puede negar es la autoridad de este ingeniero, elegido diputado, para opinar por ejemplo, sobre arte o sobre educación o sobre salud o sobre política en general.

-A partir de estos ejemplos, uno podría preguntarse si no hay cierta nostalgia en las concepciones anarquistas del presente y si no pierden de vista las complejidades de la sociedad actual.

Es evidente que hay cierta nostalgia, pero eso existe en muchas concepciones del mundo. Ahora, el hecho de que se dé esa nostalgia no significa que, ingenuamente queramos restituir en la sociedad actual un estado primitivo, porque todos sabemos que eso es imposible. Sin embargo, lo que diferencia al anarquismo de lo que han pensando muchos filósofos y hombres de ciencia actuales, que son libertarios (porque admiten todas las críticas del anarquismo al poder, al Estado, etcétera) consiste en que estos no entrevén ninguna posibilidad de que eso vuelva a ser restituido, de ningún modo, en el futuro. El anarquismo, al contrario, piensa que sí hay alguna posibilidad de que las relaciones humanas conocidas en las sociedades primitivas vuelvan a darse entre nosotros.

– ¿Podríamos decir entonces, que el anarquismo es originalmente optimista?

¡Claro! Evidentemente… Yo quiero destacar esto: entre los hombres de ciencia, sobre todo lo que cultivan hoy la ciencia social y cultural (antropólogos, sociólogos, psicólogos, etnólogos, lingüistas…) y entre los filósofos actuales, hay muchos que tienen posturas libertarias. Me refiero, por ejemplo a Foucault, Pierre Clastres, Castoriadis… Creo que las figuras más importantes del pensamiento actual tienen ideas libertarias y coinciden enteramente con la crítica que el anarquismo hace a la sociedad actual y a sus valores culturales. Sin embargo, ninguno de ellos propone una salida anarquista. Y es que hay un temor – que se ha hecho más agudo con el derrumbe de la URSS y del marxismo-leninismo – de que cualquier intento de una reforma radical puede significar la instauración de un nuevo autoritarismo. Y si no existe ese temor, existe el miedo a hacer el ridículo, de que la gente diga que somos ingenuos, crédulos. Para mí, es una credulidad peor la de pensar que nada puede cambiar. Está bien que ese revolucionarismo propio del marxismo y de algunos anarquistas haya pasado. Pero no puedo aceptar que cualquier plan de una reforma profunda de la sociedad tenga que ser desechado. Este significa un conformismo brutal; algo más grave que el riesgo de caer en un nuevo autoritarismo.

– Pero es que ha habido razones históricas para que sé dé esa actitud…

Sí, las razones son muchas, principalmente la caída de los llamados “Estados socialistas”, en los cuales ingenuamente la intelectualidad puso todas sus esperanzas durante sesenta o setenta años, cuando los anarquistas los criticaron desde el primer momento. La mayoría de los anarquistas, en 1917-1918, apoyaron la revolución rusa. Los anarquistas saludaron en esta revolución la aurora de un mundo nuevo, pero, ya a partir del año 1919, y sobre todo de 1920 en adelante, con la centralización de los soviets y la instauración de un Estado cada vez más burocrático, la crítica anarquista no cesó. Muy rápidamente, los anarquistas que habían sido invitados por Lenin a Rusia, como por ejemplo Emma Goldman y Alexander Berckman, adoptaron una actitud de crítica muy aguda. Kropotkin – quien regresó a Rusia espontáneamente – cruzó una serie de cartas con Lenin, que deberían ser republicadas, porque son muy ilustrativas, dado que le anunciaba a Lenin, paso a paso, lo que iba a suceder y ha sucedido desde 1988 hasta 1991. En 1920, Kropotkin le decía a Lenin que era imposible que un territorio como el que abarcaba la URSS se mantuviera con un Estado centralizado, que la única opción válida era reconocer todas las autonomías y soberanías nacionales que se plantearan, para hacer una gran confederación. Eso fue desechado por Lenin.

– Ahora, cuando yo hablaba de las razones que podrían tener los intelectuales que usted refería, estaba aludiendo sobre todo al peso de la atmósfera ideológica decimonónica en el anarquismo: una ilusión relacionada con el ideal del progreso, con los poderes de la ciencia y… en fin, con toda una seria de valores que han sido incluso propios de la burguesía revolucionaria. ¿No ha sido también este uno de los factores por los que el anarquismo se ha visto con mucho recelo por gente que tiene, a pesar de todo, un talante libertario?

Sí, y yo creo que si los motivos fueran solo esos ellos tendrían la razón, sin duda alguna, porque nada de eso es esencial al anarquismo. Es claro que el anarquismo actual no se puede fundamentar en Spencer ni en el positivismo ni en el cientificismo. Pero esto ha sido criticado dentro del propio anarquismo. Los pensadores anarquistas del siglo XX ya no participan en eso. Por ejemplo, Malatesta dice: “Yo creo en la infalibilidad de la ciencia, tanto como en la infalibilidad del Papa”; o sea, nada. Landauer y otros más recientes, en general, los nuevos teóricos del anarquismo como Bookchin, Chomsky, están muy lejos de eso.

– Algo que distingue al anarquismo es la importancia que le otorga a la moral en el terreno político.

Efectivamente. Yo podría definir el anarquismo como una “eticización” radical de la política. A partir de Maquiavelo, hay una tendencia en el mundo moderno a separar ética y política. Por el contrario, el anarquismo piensa que la ética es la política y la política es la ética. Esta es la fuerza y la debilidad del anarquismo. Fuerza, porque como el anarquismo se basa en la afirmación de valores éticos, que en cierta medida son suprahistóricos, nunca va a morir. Debilidad, porque si se trata de moralizar radicalmente una sociedad, para lograr allí un nuevo régimen, aparece como el proyecto más difícil, ya que implica una reforma del hombre; la cual no es imposible, pero sí muy difícil.

– ¿Cómo explica que el anarquismo haya tenido un auge inmenso, en otra época, y luego se haya convertido en un movimiento marginal, sin que haya pasado por una época de desgaste, como el que ha sufrido el marxismo-leninismo en el poder?

Hay varias causas que explican ese fenómeno. Una de ellas es la revolución bolchevique. Mucha gente que tenía una concepción socialista libertaria creyó, en un primer momento, que la revolución bolchevique iba a concretar sus ideales libertarios. Algunos se dieron cuenta de que eso no iba a ser así; pero otros se quedaron con esa idea. Un ejemplo de esto fue el de Brasil. Allí, un gran partido comunista salió casi íntegro de las filas del movimiento anarquista. Por otro lado, este triunfo de la revolución bolchevique facilitó la instauración de sucursales del Partido Bolchevique Ruso en todas partes del mundo. Estas sucursales hicieron una competencia muy fuerte a los anarquistas, que estaban trabajando en los sindicatos y en todos los medios obreros ¿Por qué? Primero, por el prestigio de la revolución triunfante; segundo, por los medios materiales que tenía, puesto que recibían dinero de la Internacional Roja; y tercero, porque tenían una organización férrea. Los anarquistas tenían siempre gran idealismo, gran desinterés, gran entusiasmo, pero muchas veces poca organización. Todo esto hizo que el movimiento obrero, allí donde era mayoritariamente anarquista, se volcó hacia el marxismo o hacia otras formas de Socialismo no anarquista. Ahora bien, en América Latina hay una causa muy específica. En Argentina, Brasil, y México – países donde el movimiento anarquista fue sumamente fuerte y poderoso – los movimientos de tipo nacionalista-populista como el de Getulio Vargas, el de Perón, el de los presidentes mexicanos posteriores a Carranza y Obregón, lograron convencer a la masa obrera de que sus enemigos no era ni el Estado ni el capital, sino el Estado extranjero y el capital extranjero. Entonces, todo el potencial revolucionario del anarquismo se desvió hacia una especie de defensa de lo nacional frente al imperialismo extranjero.

– ¿Cuál es el futuro del anarquismo?

Creo que el anarquismo, en su forma clásica, tal como se dio a fines del siglo pasado y comienzos del actual, no tiene mucho futuro ni sentido, porque está determinado por ciertas condiciones que ya no existen. Actualmente, el anarquismo existe bajo una forma un tanto camuflada o inconsciente inclusive. En un principio el anarquismo era bastante unitario; se centraba sobre todo en el movimiento obrero. En este momento, se ha dispersado en una cantidad de movimientos, que en muchos casos ni siquiera tienen conciencia de que son anarquistas. Por ejemplo, el antimilitarismo y el pacifismo radicales (que lleva a la objeción de conciencia), el ecologismo, el feminismo… Hay una cantidad de movimientos que tienen raíces anarquistas y de hecho son anarquistas en el sentido de que, si se integraran todos ellos en un solo movimiento, constituirían un fuerte obstáculo para todo autoritarismo y sería mayoritario por lo menos en las clases medias, entre los intelectuales, estudiantes… de muchos países del mundo. Esto es algo que ya vio un reaccionario inteligente y bien informado, como el cardenal Ratzinger. Él reconocía, no hace tanto tiempo, la presencia de ideologías no cristianas en el seno de la iglesia; pero no se trata del marxismo, como creen algunos. En realidad, la influencia del marxismo entre los cristianos – Ratzinger se refería al movimiento de la Teología de la liberación – es más propio de América Latina y de países del Tercer Mundo. En cambio, lo que sucede en los medios eclesiásticos de Europa y de Estados Unidos es, sobre todo, una influencia libertaria.

– El presente está marcado por una hipervaloración del modelo democrático liberal de canalizar las relaciones políticas. Frente a eso, ¿qué puede plantear el anarquismo?

Castoriadis dice muy bien que en Marx hay dos influencias fundamentales: por un lado, la influencia de la autogestión obrera presente en los sindicatos ingleses y, con ello, Marx asume una actitud que viene de antes de Pericles, pasando por la Revolución Francesa y episodios similares. En esto Marx es el continuador de una tradición auténticamente democrática. Pero, desgraciadamente, en Marx incide una segunda influencia, que se insinúa ya en Saint-Simon y que es el ideal de la organización, de la racionalidad de la producción económica y de la ineluctabilidad de la historia. Esta influencia es esencialmente capitalista. Estas dos vertientes se unen en Marx y forman una síntesis, que después llegará, con Lenin, al predominio total de lo segundo: el dominio por el dominio mismo, el poder por el poder, la fuerza del partido, la idea de que el Estado es todo, etcétera. La debilidad máxima del marxismo es lo que encierra de capitalista y es ajeno al socialismo. El anarquismo niega ese componente antisocialista que aceptó el marxismo y reivindica la gran tradición democrática, autogestionaria. El socialismo autogestionario es lo que se opone como la única posibilidad democrática a eso que la oligarquía liberal, que gobierna hoy en EE.UU. y en Europa, llama “democracia” y que no es tal democracia.

– Hace un rato usted reconocía que el anarquismo suponía una dimensión moral determinante. ¿En qué se basaría el proceso de necesaria transformación moral que implicaría un programa auténticamente anarquista?

También en este punto suelen darse algunos equívocos. Muchos movimientos éticos o ético-religiosos proponen, frente a los problemas políticos sociales, una reforma interior del hombre como condición básica de una reforma social. El anarquismo no cae en esto. No se trata de reformarnos interiormente para cambiar la sociedad todos juntos. Se trata de un proceso de interacción, porque yo no puedo llevar adelante una reforma total de mí mismo, en una sociedad como ésta. La vida moral del individuo no es posible sino en una sociedad en que las condiciones de la moralidad son dadas. Entonces, tiene que haber una reforma moral del individuo que produzca un cambio social, un cambio hacia una sociedad de autogestión, una sociedad auténticamente democrática, y ésta tiene que hacer posible mi reforma interior.

Tomado de: http://acracia.org/el-futuro-del-anarquismo-entrevista-a-angel-cappelletti/

viernes, 3 de agosto de 2018

Nestor Makhno: Carta a los anarquistas españoles

(Nota de editor): Publicamos esta breve carta de Nestor Makhno mas alla de nuestro abierto interes en difundir la historia del movimiento anarquista, es comprobar que el concepto de plataforma original no tiene nada en comun con los que hoy llamandose plataformistas intentan esconderse en Makhno para distorsionar el Anarquismo, vaciando su contenido revolucionario y entregandose a politiqueros populistas, "progresista" que fuera del discurso amansador no se diferencian en nada con los politiqueros y capitalistas, de Nestor podemos diferir en su estrategia de organizacion, pero en que idolatraba, acompañaba, o fungia como defensor de autoritarios nunca. Tenian claro los compañeros ucranianxs que la lucha era contra el capital y el estado!

Queridos compañeros Carbó y Pestaña:

Trasmitid a nuestros amigos y compañeros españoles y, a través de ellos, a todos los trabajadores, mis ánimos para que no desfallezcan en el proceso revolucionario iniciado, así como para que se apresuren a unirse en torno a un programa práctico, trazado en un sentido libertario. Se debe evitar a toda costa la ralentización de la acción revolucionaria de las masas. Por el contrario, debemos esforzarnos por ayudarlas a presionar (mediante la fuerza si fuera preciso) al actual gobierno republicano, que está obstaculizando y desviando la revolución con sus absurdos decretos, para que desista de tales esfuerzos dañinos.

El proletariado español (obreros, campesinos y trabajadores intelectuales) debe unirse y desplegar la mayor energía revolucionaria para dar lugar a una situación en la que la burguesía no tenga oportunidad para oponerse a la conquista de la tierra, las fábricas y de las libertades completas; situación que cada vez sería más amplia e irreversible. Es crucial aplicar todas las energías para garantizar que los trabajadores españoles entiendan y tengan en cuenta que si permanecieran inactivos y limitándose únicamente a aprobar resoluciones sin ningún buen resultado, estarían haciéndole el juego a los enemigos de la revolución, dejándoles ir a la ofensiva, dándoles tiempo y, como corolario, dejándoles sofocar la revolución en marcha.

A tal fin, se hace necesaria la agrupación de las fuerzas anarquistas, especialmente con la fundación de un gran Sindicato del Campo que debería federarse en la Confederación Nacional del Trabajo y dentro del cual los anarquistas deberían trabajar denodadamente. Es también de vital importancia que ayuden a los trabajadores a instaurar, en su momento, órganos de autogestión económica y social, así como fuerzas armadas para la defensa de las conquistas sociales revolucionarias que inevitablemente serán impuestas una vez que se hayan hecho con el control de la situación y roto con las cadenas de su esclavitud. Sólo de este modo y mediante tales métodos de acción social las masas revolucionarias serán capaces de golpear mientras el hierro está caliente contra todo intento de un nuevo sistema de explotación por descarrilar la revolución en curso.

A mi parecer, la federación anarquista (1) y la Confederación Nacional del Trabajo deben considerar esta cuestión seriamente. A tal fin, deben formar grupos de acción en cada localidad. Del mismo modo, no deben temer a asumir en sus manos la dirección estratégica, organizativa y teórica del movimiento popular. Obviamente deben evitar unirse con los partidos políticos en general y con los bolcheviques en particular, ya que imagino que los bolcheviques españoles serán buenos imitadores de sus colegas rusos. Seguirán los pasos del jesuita Lenin o incluso los de Stalin, no dudando en establecer su monopolio sobre todos los resortes de la revolución, de cara a establecer el poder de su partido sobre el territorio, los efectos de lo cual nos son familiares por el vergonzoso ejemplo de Rusia: el silenciamiento de todas las tendencias revolucionarias y el fin de la independencia de las organizaciones de los trabajadores. Ya que se ven a ellos mismos como dueños absolutos del poder y en posición de controlar todas las libertades y derechos de la revolución. De modo que inevitablemente traicionarán tanto a sus aliados como a la propia causa revolucionaria.

La causa de la revolución española es la causa de todos los trabajadores del mundo y en esta tarea es imposible trabajar conjuntamente con el partido que, en nombre de su dictadura, no tendría ningún reparo en burlar al pueblo y concentrar en sus manos todos los resortes revolucionarios, para emerger como los peores déspotas y enemigos de la libertad y las conquistas del pueblo.

Que la experiencia de Rusia sea un aviso para vosotros. ¡Ojalá que la desgracia del bolchevismo ruso nunca arraigue en el suelo revolucionario de España!

¡Larga vida a la unión de los obreros, campesinos y trabajadores intelectuales de toda España!

¡Larga vida a la revolución española, que se dirige hacia un nuevo mundo de cada vez mayores conquistas emancipadoras bajo la bandera del anarquismo!

Con mis mejores deseos fraternales.

Nestor Makhnó

29 de Abril de 1931

Probuzhdeniye, N°23-27, Junio-Octubre de 1932, pp. 77-78.



Nota del traductor:

1. Se refiere a la Federación Anarquista Ibérica (FAI).

Tomado de: http://www.nestormakhno.info/spanish/carta-espanoles.htm