viernes, 27 de enero de 2012

La Colectivización de Aragón.



La colectivización rural de Aragón llego a comprender mas del setenta por ciento de la población. En menos de tres meses se constituyeron cerca de quinientas colectividades. Ahora bien, aunque muchas de ellas fueron creadas de una forma espontanea y voluntaria, la instauración de la mayoría -sobre todo en un principio- se debió en cierto modo a la presencia de las columnas de milicianos anarquistas llegadas de Barcelona. (Es de notar que algunas de dichas columnas estaban comandadas por antiguos miembros del grupo Nosotros: García Oliver era el responsable de la columna Los Aguiluchos, Gregorio Jover mandaba la denominada Francisco Ascaso, Antonio Ortiz era el "jefe" de la que llevaba su propio nombre..) Aunque las expropiaciones y socializaciones de la propiedad privada se extendieron por toda España republicana, en Aragon fue donde los cambio resultaron mas radicales y estuvieron mas de acuerdo con el concepto de << Revolución >>, debido al apoyo o influencia de los Anarcosindicalistas. 

Por alli donde pasaban las milicias de la CNT - FAI, comenzaba una vida nueva, una nueva forma de vivir. No es que a la hora de establecer el Comunismo Libertario se observaran normas inflexibles, pero el procedimiento fue mas o menos el mismo en todas partes. En la localidades donde el nuevo sistema económico-social quedaba instituido se formaba un comite de CNT - FAI, que no solo ejercía funciones legislativa y ejecutivas, sino que también administraba justicia. Una de sus primeras medidas consistia en abolir el comercio privado y en colectivizar las tierras de los grandes propietarios, asi como los edificios agricolas y publicos, la maquinaia, el ganado y el transporte. Excepto en casos muy raros,los panaderos, ebanistas, zapateros, barberos, maestros, sastres, medicos, etc; quedaban tambien incluidos en el conjunto de la colectividad. Aqui hay que decir que la adhesion a la comuna era totalmente voluntaria, ya que asi lo exigia uno de los principios basicos de los Anarquistas: el respeto por la libertad. No se ejercia presion alguna, por ejemplo, sobre los pequeños propietarios quienes, si se mantenian al margen de la colectividad por propia voluntad, sabian, por otra parte, que no podian esperar que aquella les prestara determinados servicios o ayudas. Por lo demás, eran admitidos en las asambleas y gozaban de ciertos beneficios colectivos, como no podía menos de ocurrir.

En realidad, lo único que se les prohibía de una forma terminante a estos "individualistas" era poseer mas tierra de la que podían cultivar, así como perturbar -con su persona o con sus bienes- el orden socialista. Lo cierto es que, con el tiempo, el numero de campesinos, comerciantes y profesionales <>  no adheridos al colectivismo fue disminuyendo, pues al sentirse social y económicamente aislados de sus convecinos, preferían unirse a la mayoría comunal. Los depósitos de víveres y ropas, al igual que los otros artículos de primera necesidad, eran concentrados en un almacén colectivo, bajo el control y responsabilidad del comité sindical de la localidad. En la mayor parte de las comunidades fue abolido el dinero para el uso interno de las mismas, ya que - según otro de los postulados del anarquismo - el dinero y el poder son filtros diabólicos que hacen del hombre, no el hermano, sino el lobo del hombre, su mas rabioso y enconado enemigo.

Los periodistas extranjeros que se encontraban en Barcelona el 20 de julio describieron, no sin asombro, escena en las que grupos de anarcosindicalistas, después de asaltar las oficinas bancarias, hacían una hoguera en la calle con el mobiliario y arrojaban al fuego montones de dinero, sin que nadie tratara de aprovecharse de la situación, como si los billetes de mil pesetas hubieran sido un estigma herético y contagioso. Cierta información estadística de la época y, aunque sea en lineas generales, puede colegiarse, por ejemplo, que el rendimiento de la tierra se incremento -durante la experiencia de las colectividades agrarias- entre un 30 y un 50 por ciento. Las superficies sembradas aumentaron y los métodos de trabajo se perfeccionaron. Los cultivos se diversificaron, se iniciaron obras de regadío y repoblación forestal, se crearon escuelas técnicas rurales y granjas de experimentación, se selecciono el ganado y se fomento su reproducción , se pusieron en marcha industrias auxiliares... En resumen, la socializacion agraria, incluso a pesar de producirse en tiempo de guerra, demostró su clara superioridad, tanto sobre el sistema de la gran propiedad absentista (que dejaba gran parte del suelo sin cultivar) como sobre la pequeña propiedad privada (obligada hasta entonces a laborar con técnicas rudimentarias, escasez de fertilizantes y semillas de mala calidad). Por otra parte, se llego a esbozar una planificación según la cual los distintos comités regionales se encargaban del comercio interregional: reunían los productos destinados a la "venta" y con ellos realizaban las "compras" necesarias para su comarca.

Como es natural, estaban a la orden del día todo tipo de problemas, y en unas de regiones mas que en otras. Pero en Levante y Aragon (especialmente en Aragon) todo parecía funcionar de una forma exultante y retadora, como lo prueba el hecho de que el proceso de cambio se produjera ya con una mayor rapidez y radicalismo. El ejemplo de Aragon no tardo mucho en ser una "piedra de escándalo"  para las moderadas mentes rectora de la República española. La primera acusación que cayo sobre las colectividades agrarias aragonesas fue la de que << los acontecimientos políticos y económicos en Aragón habia sido impuesto por la fuerza de las armas de los milicianos Anarquistas >>. La CNT y la FAI declaraban, sin embargo, que tales acontecimientos eran << la obra de los propios campesinos >>. En este sentido no parece muy dificil deducir que la presencia de los milicianos armados debia suponer tanto una salvaguarda y defensa de las colectividades, como una advertencia de respeto y orden ante las posibles reacciones de individuales de tipo anticomunal. Ahora bien, al margen de esto es preciso reconocer que en Aragón se daban tres circunstancias idoneas para que germinara el comunismo libertario sin la "ayuda" de ninguna clase de armas:


  1. Los campesinos aragoneses, salvo en los regadios del valle del Ebro, vivian continuamente acosados por las deudas y tenian que soportar unas condiciones de trabajo durisimas.
  2. El anarquismo era la unica ideologia politica que se hallaba extendida entre los campesinos mas pobres
  3. Las tradiciones comunitarias lugareñas, algunas de las cuales arrancaban del medievo, estaban aun muy vivas en Aragón de 1936.
(Tomado del libro DURRUTI, de Julio C. Acerete.)

martes, 17 de enero de 2012

Anarquistas Contra el Muro



Anarquistas contra el muro es un grupo de acción directa que fue creado en 2003 en respuesta a la construcción del muro que Israel está llevando a cabo en territorio palestino en la zona ocupada de Cisjordania. El grupo trabaja en cooperación con activistas palestinos en una lucha común y popular contra la ocupación.

Desde su formación, el grupo ha participado en cientos de manifestaciones y acciones directas contra el muro en particular y la ocupación en general dentro de la Cisjordania. Todo el trabajo de ACEM en Palestina es coordinado a través de comités populares locales de comunidades palestinas.

Es el deber de los ciudadanos israelíes resistir las políticas y acciones inmorales llevadas a cabo en nuestro nombre. Creemos que es posible hacer más que manifestarnos dentro de Israel o participar en acciones de ayuda humanitaria. El sistema de apartheid y ocupación no se van a acabar espontaneamente. Terminarán cuando se vuelvan ingobernables e inmanejables. Es tiempo de oponerse físicamente a los bulldozers, al ejército y a la ocupación.
En abril del 2003, a tres años de la segunda Intifada, un pequeño grupo compuesto mayoritariamente por activistas anarquistas israelíes que ya realizaba trabajo político en el territorio ocupado, formó Anarquistas contra el muro. El grupo se estableció alrededor de una carpa de protesta en el pueblo de Mas'ha, donde el muro se estaba construyendo dejando al 96% del territorio del pueblo en el lado israelí.

El campamento, compuesto por activistas de Palestina, Israel y de todo el mundo, consistía en dos carpas en el territorio del pueblo que se planeó confiscar. Durante cuatro meses se mantuvo una presencia constante por parte de los activistas. A través de este tiempo, el campamento se convirtió en un centro de difusión de información y una base para la decisión a partir de la democracia directa. 
Numerosas acciones directas relacionadas con el muro se planearon y prepararon allí, tal como la acción directa del 28 de julio de 2003 en la ciudad de Anin. En esa acción, los activistas lograron mantener abierta una entrada a través del muro a pesar de ser atacados por el Ejército.
Más tarde, en Agosto del 2003, con el muro alrededor de Mas'ha casi completo, el campamento se mudó al terreno trasero de una casa prevista para ser demolida. Después de dos días de bloquear los bulldozers y de sufrir arrestos masivos, el terreno fue demolido y el campamento terminó, pero no así el espíritu de la resistencia que él simbolizaba.
En 2004, el pueblo de Budrus comenzó su lucha contra el muro y ACEM se unió en sus manifestaciones diarias. A través de su persistencia en la movilización de la comunidad, su lucha y resistencia popular, el pueblo de Budrus fue capaz de conseguir significativas victorias.
Sin apelar a las cortes israelíes, utilizando sólo la resistencia popular, el pueblo logró empujar la senda del muro casi completamente fuera de su tierra.
El éxito de Budrus inspiró a muchas otras comunidades en la construcción de una resistencia popular, lo cual representa quizás un éxito aún mayor. Durante buena parte del año, ACEM acudió a casi todas las comunidades atravesadas por la construcción del muro que requerían de su participación.
Más reciéntemente nuestras acciones se centraron en y alrededor del pueblo de Bil'in, noroeste de Ramallah, donde la mayor parte de la tierra de producción agrícola será confiscada por el muro y la expansión de los asentamientos.
La mera presencia de israelíes en las acciones de civiles palestinos representa para ellos algún grado de protección contra la violencia del ejército.
El código de conducta del ejército israelí es significativamente diferente cuando hay israelíes presentes y la violencia, aunque severa, es considerablemente menor. Aun cuando muchos activistas israelíes han sido heridos en manifestaciones, algunos de gravedad, es el pueblo palestino quien la paga más caro. A la fecha, 18 manifestantes palestinos han sido matados en acciones contra el muro y miles han sido heridos.
El ejército y el gobierno de Israel trata de poner fin a la resistencia popular palestina usando todas las formas de represión posible, para así prevenir la incorporación de activistas israelíes en una lucha conjunta. Bajo la ley de ocupación es posible acusar gente por el simp Este sitio no contiene y no debería ser entendido como la línea de un partido oficial...
Este sitio no contiene y no debería ser entendido como la línea de un partido oficial...
e hecho de participar en una manifestación. En el transcurso de los últimos años, activistas de ACEM han sido arrestados cientos de veces y decenas de acusaciónes fueron iniciadas en su contra.
La represión legal ejercida por autoridades israelíes es un frente más para tratar de socavar y destruir la resistencia.
Para poder mantener a los activistas fuera de la cárcel y continuar la lucha, ACEM está haciendo frente a crecientes gastos legales para su defensa en la corte israelí. El costo por representación legal ya supera los US$ 60.000 y continúa aumentando.
ACEM no recibe financiamiento de ningún estado, gobierno o asociación. Contamos con las donaciones de personas de todo el mundo que quieren vernos continuar apoyando la lucha palestina por la libertad.

sábado, 14 de enero de 2012

Venezuela: La terrible ley Lara.

No se puede hablar de que en estas tierras sencillamente las ideas revolucionarias no florecieron, sin hacer referencia al menos de las circunstancias que llevaron a tal situación, al igual que en muchas partes del mundo Venezuela contó con presencia Anarquista desde principios del siglo XX, incluso antes, es verdad que conocer en profundidad hasta que grado se estaba gestando el anarquismo en la naciente clase obrera venezolana es trabajo pendiente de todos los Libertarios, ya que el predominio luego del marxismo no solo opaco, sino que trato de ocultar las tendencias ideológicas de las primeras organizaciones proletarias, Mas sin embargo desde Rodolfo Quintero (Pcv), hasta Salom Meza (AD) venidos ambos del sindicalismo, reconocieron que fueron anarcosindicalistas de Italia y España llegados a estas tierras en busca de trabajo, quienes les enseñarían sus primeras lecciones de Lucha de Clases, el Propio Rodolfo quintero expresa que la primera organización de los trabajadores petroleros tenían fuertes tendencias anarquistas, (ya publicamos hace meses un articulo LA DICTADURA DE GOMEZ Y LA LUCHA CLANDESTINA DE LOS TRABAJADORES). El gobierno mostraría su preocupación y elaboraría esta terrible ley.

La ley Lara fue Instrumento jurídico aprobado en el Parlamento por el Gobierno de Eleazar López Contreras en junio de 1936, con la finalidad de controlar las manifestaciones políticas de la oposición y reprimirlas si era necesario. El nombre de dicha ley hace referencia a su autor intelectual, el por ese entonces ministro de Relaciones Interiores Alejandro Lara Núñez. En términos generales, el proyecto de Ley elaborado por Lara, constaba de 5 capítulos, comenzando por unas disposiciones preliminares que definían el fundamento del orden público y señalaban las autoridades que velarían por él. En cuanto al capítulo I, el mismo se ocupa "De la organización y vigilancia de las reuniones públicas y privadas", cuyas disposiciones limitaban la reunión garantizada por la Constitución. En tal sentido, de acuerdo con dichas disposiciones se establecía que para celebrar una reunión por lo menos 5 de sus promotores debían, con 24 horas de anticipación, participarlo por escrito a la primera autoridad civil, la cual estaba facultad para conceder o no el uso de las calles, plazas o cualquier otro lugar. Asimismo, debía solicitarse auxilio de la autoridad para impedir actividades ilícitas en las reuniones y de no hacerlo, los promotores, organizadores y directores serían responsables de las infracciones en razón de su objeto o de los discursos pronunciados. En el capítulo II, titulado "De las asociaciones", se reglamentaban minuciosamente todas las formalidades a cumplir para poder constituirlas, tales como la intervención interna que podían tener en ellas las autoridades y las penalidades en caso de infracción. El capítulo III, "De las huelgas en relación con el orden público", prohibía las huelgas con fines políticos, las huelgas generales o paros generales y las huelgas de funcionarios o empleados públicos, con penas que oscilaban entre 1 y 6 años de prisión. En el capítulo IV, titulado "De la propaganda política ilegal" destacaban los artículos 33 y 37. El primero expresaba lo siguiente: "El que verbalmente, por escrito o por impresos, por medio de difusión, dibujos, carteles, mítines u otros medios de publicidad, o haciendo uso de algún servicio público, haga propaganda de las doctrinas o métodos comunistas, anarquistas, nihilistas o terroristas, o de aquellos que por su afinidad o sus medios de acción se equiparen a éstas, serán penados con prisión de 1 a 3 años". En cuanto al segundo artículo en el mismo se afirmaba: " Los dueños, directores o administradores de empresas periodísticas, emisoras de radio o cualquier otra publicidad cuya organización se su use para cometer alguno de los delitos previstos en este capítulo, serán penados con multas de 1.000 a 5.000 bolívares; en caso de reincidencia serán duplicadas las multas".

En el último capítulo V, "Del uso de la fuerza pública", fijaba en su artículo 38 el procedimiento para disolver una agrupación o reunión, con sujeción a los siguientes preceptos: " a) Se avisará de viva voz que se van a dar 3 toques de atención y que ellos servirán de intimidación para la disolución de los congregados. b) Dado el aviso se procederá a dar los toques de atención con intervalos de 10 minutos. c) Si al tercer toque de atención no se disolviere la agrupación o reunión se hará uso de la fuerza. d) Si fuere necesario hacer fuego se anunciará con un nuevo toque de atención. La primera descarga se hará al aire". El artículo 43 señalaba la ocasión en la que los agentes de la autoridad no necesitaban orden judicial para entrar en un hogar doméstico. En las disposiciones generales los 2 últimos artículos rezaba lo siguiente: "Artículo 45. Se considera agravante de todo delito o falta el haberse cometido con infracción de la presente Ley, sin perjuicio de la aplicación de las penas en ellas establecidas" y "Artículo 46. La pena de prisión impuesta por los tribunales de justicia de acuerdo con las disposiciones contenidas en los capítulos III y IV de esta Ley, podrán conmutarse, a petición del Ministerio de Relaciones Interiores, por la expulsión del territorio de la República. A este fin se computará un día de prisión por tres de expulsión del territorio de la República. Si el expulsado volviere al país durante el tiempo de su condena se le aplicará la pena del presidio por el doble del tiempo que le falte para cumplir la condena". En definitiva, el proyecto de ley propuesto por el ministro de Relaciones Interiores Alejandro Núñez Lara, fue aprobado en el tiempo record de un mes, aunque con algunas modificaciones por parte de las cámaras legislativas. Debido a su carácter represivo y antidemocrático, la Ley Lara fue objeto de críticas y propuestas por diferentes sectores de la opinión nacional. En este sentido, su sanción por el Congreso nacional sirvió de fundamento para la huelga general y política del mes de junio de 1936.

jueves, 12 de enero de 2012

Pierre-Joseph Proudhon




Fue Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865). Natural de 
Besançon e hijo de un tonelero y de una cocinera, era un hijo del «pueblo» y mitificó al pueblo, 
fiel a la tradición de 1972, al igual que muchos de sus contemporáneos. 
«Todos mis antepasados por línea paterna y materna han sido campesinos libres y han estado 
sometidos desde tiempo inmemorial a la prestación de trabajo personal y a la mainmorte (…) 
Hasta los doce años mi vida transcurrió casi enteramente en el campo, realizando pequeños 
trabajos campesinos y guardando las vacas. Durante quince años estuve empleado en esta 
última actividad. No conozco ningún género de vida que se más contemplativo y más realista el 
mismo tiempo».

 Proudhon conservó un profundo y alegre recuerdo de su infancia. 
Asistió a una escuela durante dos años, hasta que sus padres ya no pudieron costear sus 
estudios. Su padre había abierto una taberna donde expedía cerveza elaborada por él mismo; 
pero su negocio quebró al calcular con un reducido margen de ganancia, pues no quería 
enriquecerse «injustamente». «Yo tenía un sentimiento muy preciso de la honradez y  
honestidad de mi padre, pero al mismo tiempo veía claramente el riesgo que corría. Mi 
conciencia permitía lo primero, pero mi necesidad de seguridad me llevaba a otra dirección. 
Todo aquello para mí era un misterio», escribió el hijo de sus recuerdos. Estas lecciones de 
observación proporcionaron muy pronto una inclinación hacia las complejas económicas, pero 
al mismo tiempo -como ya se ha mencionado- arrastraron, por lo que a su formación se refiere, 
aquellas consecuencias que muchos críticos creen haber comprobado: en lo esencial siguió 
siendo un autodidacta. 

A los diecinueve años era tipógrafo, pero le resultaba difícil encontrar trabajo. «A lo largo de dos 
años vague por el mundo, investigué y pregunté al pueblo llano, del que me siento cerca por mi 
situación social; no tenía tiempo para leer, mucho menos paras escribir (…) Así era y así sigue 
siendo todavía hoy mi vida: viviendo en centro fabriles, testigo de los vicios y de las virtudes del 
pueblo, ganando diariamente mi pan con el sudor de mi frente, obligado a mantener a mi familia 
con mi modesto salario y a contribuir además a la educación de mis hermanos; y junto a todo 
esto reflexionando, filosofando, reuniendo los hechos más insignificantes de observaciones 
fortuitas. Cansado de la situación precaria y miserable del trabajador, finalmente en compañía 
de un colega, quise abrir una pequeña imprenta. Los escasos ahorros de ambos amigos y todos 
los medios de sus familias se jugaron la lotería. El pérfido juego de los negocios arruinó nuestra 
esperanza: orden, trabajo, ahorro, nada nos sirvió. De los dos compañeros el uno murió de 
agotamiento en un rincón del bosque, al otro sólo le quedó la amargura de haber comenzado a 
gastar el último trozo de pan de su padre».

Cuando había cumplido los veintiséis años la atención pública se centró sobre él. En 1837, es 
decir durante el reinado del Burgués Luís-Felipe (1830-1848), obtuvo gracias a su memoria una 
beca de tres años de la Academia de Besançon. «Me puse de inmediato manos a la obra (…) 
Comencé la solitaria tarea con el estudio de los socialistas primitivos (…) Hecho sorprendente y 
una buena señal para mí: el haber transformado a Moisés en un filósofo y un socialista me 
proporcionó el aplauso general. Sin embargo, mi estudio debía servir ante todo para realizar 
algo. No tenía tiempo para hacerme  un erudito y mucho menos para convertirme en un literato. 
Me dediqué de inmediato a la política económica (…) Tras un análisis largo, minucioso y sobre 
todo imparcial, llegué (…) a la sorprendente conclusión de que la propiedad, independientemente de su uso, independientemente del principio con el que se ponga en  relación es una idea contradictoria. Y puesto que la negación de la propiedad lleva consigo la negación de la autoridad, de mi definición deduje inmediatamente el no menos paradójico 
corolario de que la auténtica forma de gobierno es la ANARQUÍA».

Así surgió su famoso libro Qu’est-ce que la propriété?, apareció en 1841 y en la que expresa una constatación provocadora: ¡La propiedad es un robo! En su escrito La Sagrada Familia,
Carlos Marx consideraba el libro de Proudhon tan importante para el proletariado como lo había 
sido para la burguesía el tratado del abate Sieyés Qu’est-ce que le tires état? (1788). Proudhon 
tiene en mientes la propiedad que obliga a explotar a los demás. Y aunque en el siguiente 
párrafo de su libro se había puesto en guardia inmediatamente contra el reproche de querer 
incitar a la revolución, fue llevado ante un tribunal de jurados bajo la cuádruple acusación de 
ataque a la propiedad, de incitación a desobedecer al gobierno, de ofensas a la religión y de 
desacato contra las costumbres. Se defendió personalmente. El tribunal pronunció el veredicto 
de que no era competente por tratarse de una materia científica, y en consecuencia, el acusado 
debía ser absuelto. 
El libro contiene además su profesión de fe: «La política es la ciencia de la libertad: la 
dominación del hombre sobre el hombre, con indiferencia del nombre bajo el que se esconda, 
es la opresión; la suprema realización de la sociedad se encuentra en la combinación del orden 
y ANARQUÍA». Mas tarde comentará: «Los políticos de todas la tendencias conciben la 
ANARQUÍA como desorden; por eso la rechazan sin remisión; como si la democracia se 
pudiera realizar de otra manera que por la distribución de la autoridad, y como su el sentido 
auténtico de la palabra democracia no fuera la abolición de gobierno».

Proudhon define casi humorísticamente: «Ser gobernado significa ser vigilado, inspeccionado, 
espiado, dirigido, legislado, reglamentado, clasificado, adoctrinado, sermoneado, fiscalizado, 
violentado, estimado, censurado, mandado por  hombres que para ellos carecen de títulos, 
ciencia y virtud. Ser gobernado significa ser anotado, registrado, empadronado, arancelado, 
patentado, licenciado, autorizado, amonestado, contenido, reformado, enmendado, corregido al 
realizar cualquier operación, cualquier transacción y cualquier movimiento. Significa, so pretexto 
de utilidad pública y en nombre del interés general, verse obligado a pagar contribuciones, ser 
inspeccionado, saqueado, explotado, monopolizado, depredado, presionado, embaucado, 
robado; después a la menor resistencia, a la primera queja, ser reprimido, multado, vilipendiado, 
vejado, acosado, maltratado, aporreado, torturado, desarmado, agarrotado, encarcelado, 
fusilado, ametrallado, juzgado, condenado, deportado, sacrificado, vendido, traicionado y 
deshonrado. ¡Esto es el gobierno, ésta es su justicia, ésta es su moral!»

Su crítica es válida con independencia de la forma de gobierno y de su color político, pues ataca 
también a la teoría comunista del Estado: «Los comunistas ni me perdonan mi crítica a su 
communauté; como si una nación fuera un gran pólipo y como si no hubiera junto al derecho 
social un derecho individual».

Cuando en febrero de 1848 estalló en París la revolución contra el régimen de los banqueros, 
accionistas y especuladores bajo el cual la consigna de Enrichissez-vous  dada por el primer 
ministro Guizot había sido observada ampliamente a costa del proletariado, Proudhon aprobó el levantamiento de las masas, si bien constató: «Yo no hubiera hecho la revolución del 24 de 
febrero; el instinto del pueblo ha decidido otra cosa». Vio que se trataba esencialmente de una 
revolución política, que aspiraba a un cambio del sistema político; y aunque también se 
mezclaban en ella corrientes sociales subterráneas, su objetivo principal no era, sin embargo, la 
trasformación de la sociedad. Proudhon había anotado ya en 1846: «La revolución social se 
compromete seriamente su se realiza mediante revolución política».

Aunque de hecho estaba en contra del parlamentarismo, fue elegido a comienzos de junio para 
la Asamblea Nacional con 77.000 votos. Catorce días más tarde los trabajadores de los 
suburbios salieron a la calle para protestar contra la supresión de los «talleres nacionales», una 
instituciones creada por el gobierno provisional para combatir el paro. El ejército, mandado por 
el general Cavaignac, hizo disparar contra ellos. El sangriento comportamiento tuvo gran 
influencia sobre la posición de Proudhon. Con la franqueza que lo caracterizaba para reconocer 
sus errores, nuestro personaje confesó: «El recuerdo de estos días de junio pesará 
eternamente sobre mi ánimo como una dentellada; dolorosamente reconozco que hasta el día 
 no había prevista nada, ni sabido nada, ni sospechado nada. Eligio representante el pueblo 
catorce días antes, había entrado en la Asamblea Nacional con la timidez de un niño, con el 
celo de un neófito. Participando activamente desde las nueve de la mañana en las reuniones de 
las juntas y comités sólo abandonaba la Asamblea al atardecer, agotado de cansancio y asco 
(…) absorbido por las tareas legislativas, había perdido completamente de vista la situación 
corriente e interrumpido el contacto con las masas. No sabía nada ni de la situación en los 
talleres nacionales, ni de la política del gobierno, ni de las intrigas que se cruzaban en el seno 
de la Asamblea. Se ha de vivir en el centro del aislamiento al que llaman Asamblea Nacional, 
para percatarse de hasta qué punto los hombres que peor conocen la situación de un país son 
casi siempre justamente aquellos que lo representan».

A continuación se destaca por sus ponencias que suenan tan agresivas que la asamblea, en su 
mayoría burguesa, se siente escandalizada. La revolución puede darse como fracasada en 
Francia cuando el 10 de diciembre es elegido presidente, incluso con muchos votos de los 
republicanos de izquierda, Luís Bonaparte, quien tenía a su favor el presentar su candidatura 
contra el carnicero de junio, Cavaignac. Proudhon escribió dos agudos artículos contra el 
príncipe presidente que le costaron tres años de cárcel y una multa de 7.000 francos, suma 
enorme para la época tanto más cuanto que se exigía de un proletario. El condenado considero 
huir a Bélgica, pero regreso por amor a su prometida, una modesta costurera, con la mala 
fortuna de que fue reconocido y delatado. 

Tras la detención contrajo matrimonio. La ceremonia civil naturalmente, se celebró a ambos lados de la reja del locutorio del presidio de SaintePélagie. Proudhon utilizó la forzada inactividad de tres años para redactar sus Confessions d’un Revolutionnaire. En ellas se expone su concepción de la revolución, a la que entiende como  «una explosión de la fuerza orgánica, evolución de la sociedad desde dentro hacia fuera». Sólo 
es legítima «si es espontánea, pacífica y esta históricamente fundamentada». ¿Cuál fue la 
razón del fracaso de la revolución de febrero? En su mayor parte «era tan sólo una farsa un 
desfile, un absurdo e iba contra el sentido común. Se podría pensar que el poder transforma 
incluso a la gente inteligente en estúpidos» En opinión de Proudhon se hubiera tenido que 
suprimir principalmente la centralización estatal: si no quería llagar hasta la ANARQUÍA, «que 
como todo principio, es antes un ideal que una realidad», por lo menos se hubiera tenido que 
conceder a las comunas y departamentos la auto administración, el cuidado de su policía, la 
autoridad sobre sus fondos y sus tropas. Sin embargo, se consideró al pueblo menor de edad, 
por lo que la autoridad del gobierno, en vez de disminuir, salió fortalecida. 


«Pero la experiencia enseña, y la filosofía lo prueba contra toda opinión preconcebida, que toda 
revolución ha de ser espontánea y no ha de salir de las cabezas de los que detentan en poder, 
sino de las entrañas del pueblo; que el gobierno es antes reaccionario que progresista (…) que 
finalmente la única relación existente entre el trabajo y el gobierno es ésta: el trabajo tiene la 
tarea mientras se organiza, de suprimir el gobierno».

Sin embargo, organizar el trabajo significa «organizar la solidaridad de los trabajadores entre sí, 
significa crear su seguridad recíproca según el principio de la economía usual, por el cual todo 
lo que tiene un valor de cambio puede ser objeto de cambio y, en consecuencia, material para 
un crédito».

 Los trabajadores deben asociarse y producir bajo su propia administración. 
«Queremos estas asociaciones como modelo para la agricultura, para la industria y el comercio, 
como primer núcleo de la amplia federación de compañías y sociedades unidas en la común 
asociación de la república democrática y social».

 Para impulsar tales asociaciones -que en su opinión se extenderían, eliminarían progresivamente toda iniciativa privada, penetrarían el  Estado y lo harían finalmente superfluo- había fundado un «banco popular», en calidad de instituto de crédito sin intereses. Se ha reprochado burlonamente a su fundador sin motivo, su 
pronta liquidación. El cierre no se produjo en absoluto por razones económicas, sino por el 
único hecho de que su fundador y director tenía que comenzar a cumplir la pena de prisión. 
Tras su puesta en libertad de Sainte-Pélagie parece ser que tuvo una conversación con el 
príncipe presidente, convertido ya por aquel entonces en emperador. Parece ser que se 
reunieron por deseo expreso de Napoleón III en la oficina del rey de los periódicos en el París 
de entonces, en la oficina de Émile de Girardin. Ninguno de los participantes ha dejado ninguna 
nota al respecto, ni siquiera Girardin. André Salmon no quiere excluir la suposición de que el 
recuerdo que el emperador, antiguo carbonario, guardó de la entrevista, le impulsó le impulsó 
reconocer a los trabajadores el derecho de huelga, lo cual sólo quedó de hecho en letra muerta, 
ya que pronto se hizo intervenir al ejército imperial contra los huelguistas. 

En Proudhon las experiencias revolucionarias habían acentuado todavía más su rechazo de 
todo tipo de autoridad estatal. En 1849 escribió al periodista socialista Pierre Leroux (1797-
1871): «La abolición de la explotación del hombre sobre el hombre y la abolición del gobierno 
del hombre sobre el hombre son una misma fórmula».

 En su escrito De la capacité politique 
des classes ouvrières (1864) ataca la teoría del comunismo de Estado tal como exponía el 
miembro del gobierno provisional Louis Blanc (1811-1882), de quien procede la formulación a 
menudo recogida posteriormente de «A cada uno según sus necesidades, a cada uno según 
sus capacidades». En dicho trabajo dice Proudhon al respecto: 

«El sistema político de Blanc se puede definir de la siguiente manera: una democracia 
compacta, fundada aparentemente sobre la dictadura de las masas, pero donde las masas sólo 
tienen poder en la medida necesario para asegurar la esclavización general según las 
siguientes fórmulas y máximas tomadas del viejo absolutismo: 

Indivisibilidad del poder; 
Centralización absorbente; 
Destrucción sistemática de todo pensamiento individual, corporativo y local por se considerado disgregador; 
Policía inquisitorial; 
Eliminación o por lo menos coerción de la familia, sobre todo del derecho de herencia; 


Organización tal del sufragio universal, que sirve para la sanción permanente de esa tiranía 
anónima mediante la preponderancia de los elementos mediocres e incluso inútiles, los cuales 
siempre están en mayoría contra los cuidados capacitados y los caracteres independientes, 
quienes -puestos, naturalmente, en minoría- son considerados sospechosos». 
Este escrito de Proudhon, publicado en 1864, pasó a ser durante muchos años texto 
programático del movimiento obrero francés, para decepción de Carlos Marx, pues su doctrina 
sólo pudo contrarrestar el influjo de Proudhon con grandes dificultades. Él mismo, cuando 
todavía era un perdidosita desconocidote veintiséis años, había conocido personalmente, en 
París, en 1844, a Proudhon, que contaba ya con treinta y cinco años y a quienes sus primeros 
escritos había proporcionado ya cierta fama. Parece que ambos se vieron con bastante 
frecuencia durante todo un invierno. Al año siguiente Marx, tras su expulsión de París, propuso 
a Proudhon un trabajo en común en una correspondencia internacional socialista. Éste aceptó, 
aunque con ciertas reservas: «Investiguemos, conjuntamente si usted quiere, las leyes de la 
sociedad, sigamos el camino de su realización y discutamos el proceso de su descubrimiento; 
guardémonos sin embargo, ¡por amor de Dios!,  de imponer a los hombres inmediatamente 
después de la destrucción de todos los dogmas apriorísticos, otras ideas doctrinarias nuevas; 
no incurramos en la auto contradicción de su compatriota Lutero, que aniquiló la teología 
católica para fundar inmediatamente la teología protestante con la ayuda de excomuniones y 
anatemas».

Proudhon no era hombre que se inclinara ante una autoridad externa. En su carta de renuncia 
de 1846 escribió a Marx: «No nos hagamos sumos sacerdotes de una nueva religión, ya sea la 
religión de la lógica o la religión de la razón».
  
Marx pasó abiertamente al ataque contra proudhon en su libro Misère de la philosophie, 
publicado en francés en 1847 como réplica polémica al libro de Proudhon  Sistème des 
contradictions économiques ou Philosophie de la Misère (1846). Siguiendo su costumbre, Marx 
no limitó su polémica a lo teórico, sino que intento «despachar» también humanamente el objeto 
de la misma. Proudhon ha afirmado que Marx entendió mal a propósito sus exposiciones. A 
esta ruptura definitiva siguieron por parte de Marx  y Engels otros muchos golpes bajos airados 
y sarcásticos contra el peligroso rival.  

Uno de los reproches repetidos a menudo contra Proudhon es el de que sus teorías y escritos 
están llenos de contradicciones. A esto se podría responder con una frase del Principe féderatif
(1863) «La realidad es que por su propia naturaleza compleja: lo simple no abandona la forma 
ideal, no se hace concreto». En 1858 había publicado un escrito titulado De la justice dans la 
Révolution et dnas L’Eglise,  que le proporciono de nuevo una acusación por ataques a la 
familia, a la moral y a la religión. Fue condenado una vez más a tres años de prisión, pero 
también esta vez consiguió huir a Bélgica. Se guardó de repetir el error de 1853, instalándose 
en Ixelles, un arrabal de Bruselas. 

Su actividad como periodista no conocía la fatiga. La cuestión de las nacionalidades conmovía 
Europa: en Italia estalló, con apoyó francés, la lucha contra Austria. El entusiasmo por Polonia 
era más vivo que nunca. Los esfuerzos húngaros por la independencia encontraban la simpatía 
de todas las fuerzas liberales. Proudhon se enfrento unánime contra esta corriente. Su 
pensamiento era internacionalista, ya que los que tenía en mientes era una confederación de 
federaciones en lugar del enfrentamiento de los estados nacionales. Consideraba funesta la 
formación de nuevos estados nacionales, pues en ellos no encontrarían lugar las anheladas 
soluciones federativas y sociales; en vez de fundar nuevos estados encajados junto a los antiguos, se debían disolver los antiguos en pequeños grupos populares, en comunas independientes asociadas entre sí, en agrupaciones de trabajo, con vistas a constituir federaciones laxas. ¿Perdía el mundo algo, si no existía un estado polaco? Proudhon atacó a Mazzini, heraldo el levantamiento nacional italiano, y al héroe popular Garibaldi, que con sus escuadras había conquistado Roma. Si Napoleón III ayudaba a forjar la unidad Italiana, lo consecuente sería tan sólo -consignaba proudhon con amarga ironía-que restaurara finalmente 
el imperio Carlomagno y se anexionara por lo tanto también Bélgica. 

Las buenas gentes de Ixelles no veían en todo esto ningún atractivo. Estaban encolerizados 
desde hacia tiempo por sus artículos antiliberales contra las revoluciones nacionales, irritadas 
además por su ateísmo -aunque entretanto sus opiniones sobre un cierto ceremonial cristiano 
habían cambiado-, y ante sus ventanas se formaron escandalosos tumultos populares, 
instigados por la prensa burguesa. La policía tuvo que intervenir para protegerlo y finalmente, 
para evitar el escándalo, se le obligó a abandonar Bélgica. 
Anulada la sentencia contra él ya en 1860 -probablemente, a instancias de Jérome Napoleón, 
primo del emperador, que apreciaba a Proudhon como persona y como autor- éste pudo volver 
a París. 

La dictadura del segundo imperio se había desgastado un poco en sus doce años de existencia. 
Napoleón III, político experimentado, intentó refrescar su popularidad mediante unas elecciones 
aparentemente libres para un nuevo parlamente. Fueron convocadas para 1863. Proudhon llego 
justamente a tiempo para tomar, in situ, posición respecto al pro y contra de una participación 
electoral. Nos ha dejado una descripción del ambiente parisino: «El lunes 1 de junio de 1863, 
hacia las diez de la noche, París se hallaba en un estado de sorda excitación que recordaba la 
de los días 26 de julio de 1830 y 22 de febrero de 1848. Según los indicios, si se salía a la cale, 
no faltaba mucho para que se pudiera pensar en la víspera de una lucha. Por todas partes se 
oía decir: Perís, que por primera vez desde hace veinte años ha recuperado su vida política, 
despierta de su letargo, se siente renacer, un aliento revolucionario lo inflama. París de había 
levantado a la llamada de sus oradores como guardián de las libertades de la nación y había 
respondido con el más rotundo “no” a la solicitud del gobierno».
De hecho la lista del gobierno fue rebasada en París por la oposición con casi dos tercios de 
mayoría. 

«El 1 de junio de 1863 había eclipse de luna», continúa proudhon en su descripción. «el cielo 
estaba radiante, la tarde maravillosa. Corría una suave brisa que parecía participar de aquella 
saludable excitación (…) “También el despotismo se oscurece ante la libertad”, decían los 
bromistas (…) “Decid más bien, respondían los apocados, que la razón parisiense se ha 
oscurecido. ¡Ay! Comenzáis otra vez con vuestras bromas de 1830 y 1848. ¡Muy bien! ¡Os irá 
peor que en aquellas dos ocasiones!”».

Proudhon era partidario firmemente decidido de la abstención. Era contrario a que el 
proletariado fortaleciera con sus votos la oposición liberal burguesa. En ausencia de libertad de 
prensa y de reunión no se podía hablar de elecciones libres, tanto más cuanto que los elegidos 
debían prestar juramento al emperador. Sólo mediante una abstención masiva se podía mostrar 
claramente al jefe del Estado que tenía que renunciar a la dictadura. 

Además en estas elecciones los trabajadores parisienses habían prestado por primera vez un 
candidato propio, el cual, ciertamente, obtuvo tan sólo un número insignificante de votos. En las 
elecciones complementarias de primavera presentó su candidatura Henri-Louis Tolain (1828-1897) que más tarde iba a ser cofundador de la Internacional; obtuvo solamente 424 votos. Un 
comité electoral de trabajadores compuesto por 60 miembros había elaborado un manifiesto 
que ha pasado a la posteridad como «la primera expresión pública de la conciencia de clase de 
los trabajadores».

 Aunque Proudhon, por consideraciones tácticas, no aprobaba totalmente el texto del manifiesto, éste muestra, sin embargo, hasta qué punto muchos de sus pensamientos ya eran moneda corriente en el proletariado. 

No obstante, nuestro personaje se había enemistado con todos los grupos y organizaciones 
políticas. Su desconfianza hacia toda «política», su fe en la preponderancia de los grupos 
espontáneos, en las instituciones sociales autónomas, en la solidaridad y la ayuda económica 
recíproca, encontró sin embargo un eco. Así por ejemplo, trabajaban ya en París 35 sociedades 
de crédito sobre la base de la reciprocidad, las  cuales -como constata el manifiesto de los 
sesenta- «contienen gérmenes fructíferos; pero necesitan el sol de la libertad para desarrollarse 
plenamente». 

El último escrito de Proudhon, La capacitè politique des classes ovrières, es al mismo tiempo su 
testamento político, en realidad un comentario al manifiesto de los sesenta. Tuvo que dejar la 
elaboración definitiva a un amigo. La enfermedad y luego la muerte le arrebataron la pluma de 
las manos. Murió en el año 1865. 

Según la caracterización de Daniel Guerín, Proudhon fue «el creador del “socialismo científico,” 
de la economía política socialista y de la sociología moderna, el padre del anarquismo, del 
mutualismo (colaboración económica basada  en la reciprocidad), del sindicalismo 
revolucionario, del federalismo (económico y comunal) y de la forma especial de colectivismo 
hoy actualizada por la “autogestión” (…) Finalmente fue sobre todo el primero que reconoció y 
señalo proféticamente los peligros de un socialismo autoritario y dogmática».

 Proudhon mantuvo durante toda su vida la promesa que había hecho de joven en su memoria para la 
Academia de Besançon: «Nacido y crecido en medio de la clase trabajadora, perteneciente a 
ella de corazón e inclinación, pero sobre todo por padecimiento y deseos comunales, sería mi 
mayor alegría (…) trabajar infatigablemente mediante el estudio de la filosofía y de la ciencias, 
con mi voluntad y todas las fuerzas de mi espíritu, por la promoción material, moral y espiritual 
de aquellos a los que quisiera llamar mis hermanos y compañeros y asimismo poder esparcir 
entre ellos la semilla de una doctrina en la que veo la ley del mundo ético. Ante ustedes, 
señores, me considero ya representante suyo, en espera del éxito de mis esfuerzos»

Al final de su vida registró resignado: «No tengo sitio en el mundo; me veo en un estado de continua 
oposición al orden de las cosas». O mucho más amargado todavía. 
«Si no tuviera en mi mente la liberación de estas venalidades, estaría en la primera fila de 
aquellos que las explotan. Pero hay un derecho, una libertad, una dignidad humana, una 
inviolabilidad de la persona, del espíritu y de la conciencia. Y debo intervenir en su favor»


domingo, 8 de enero de 2012

La «dictadura del proletariado» herencia de la burguesía





[Tengo en manos un viejo panfleto editado por la Regional Centro de CNT, en 1977, titulado Rudolf Rocker opina sobre «Anarquismo y sovietismo», texto de R. Rocker que debió escribirse a inicios de los años veinte del siglo XX pasado y que, además de criticar al régimen soviético, nos viene a decir que toda dictadura es enemiga de toda revolución de tinte social, porque no sirve más que para dar el poder a otra minoría, como pasó en la ex URSS, o algo parecido en todas esas denominadas guerras de liberación nacional, que son descendientes directas de Robespierre y su régimen del Terror.]


Otra cosa no puede decirse de la dictadura, por no derivar del mundo de las concepciones socialistas. La dictadura no es un producto del movimiento obrero, pero si una lamentable herencia de la burguesía pasada al campo proletario para garantizar la «felicidad». La dictadura va estrechamente ligada con la aspiración al poder político, de origen burgués igualmente.

La dictadura es una cierta forma de las que suele tomar el Estado, siempre ávido de potencia. Es el Estado situado en estado de guerra. Como los demás adeptos a la idea estatal, los partidarios de la dictadura pretenden —provisionalmente (?)— imponer al pueblo su voluntad. Esta concepción es por sí misma un obstáculo para la revolución social, cuyo elemento vivaz propio es, precisamente, la participación constructiva y la iniciativa directa de las multitudes.

La dictadura es la negación, la destrucción del ser orgánico, del modo de organización natural, que es de abajo arriba. Alguien alega que el Pueblo no está aún maduro para emprender su propio destino. Hay, en consecuencia, que ejercer el dominio sobre las masas, someterlas a tutela a cuenta de una minoría «experta». Los partidarios de la dictadura podrían inspirarse en la mejor de las intenciones, pero la lógica del Poder les obligaría, en todos los casos, a entrar en la vía del despotismo más extremo.

La idea de dictadura fue copiada por nuestros socialistas estatales de ese partido pre-burgués que fueron los jacobinos. Ese partido calificó de crimen la declaración de huelga y prohibió, bajo amenaza de muerte, las asociaciones obreras. Saint-Just y Couthon fueron los portavoces más enérgicos de esa exigencia, y Robespierre obró influenciado por la misma.

El modo falso e unilateral de presentar la gran Revolución como acostumbran hacer los historiadores burgueses y que ha influenciado fuertemente a la mayor parte de socialistas, ha contribuido mucho a dar a la dictadura de los jacobinos un brillo inmerecido, pero que el martirologio de sus principales jefes parece haber engrandecido. En general la gente es sensible al culto a los mártires lo cual la incapacita para la crítica reflexionada de las ideas y de los actos.

La obra creadora de la Revolución Francesa es bien conocida: abolición del feudalismo y de la monarquía; los historiadores la han glorificado como obra de los jacobinos y de los revolucionarios de la Convención; y no obstante, al paso del tiempo esa concepción ha resultado un falseamiento absoluto de la historia entera de la Revolución.

Hoy sabemos que esa interpretación errónea está basada en una ignorancia voluntaria de los hechos históricos, sobre todo de la verdad de que la fidedigna y creadora obra de la Revolución fue cumplida por los campesinos y los proletarios de las ciudades, contrariando a la Asamblea Nacional y a la Convención. Los jacobinos y ésta siempre combatieron asaz vivamente, las innovaciones radicales hasta el momento del hecho consumado, es decir, cuando las realizaciones populares se les habían impuesto. En consecuencia, la abolición del sistema señorial pronunciada por la Convención no significó más que una constancia en acta de la conquista directa lograda por los campesinos revolucionarios contra el sistema opresor antiguo y a pesar de la ferocidad con que fueron combatidos por los partidos políticos de la hora.

Aún en 1792, la Asamblea Nacional mantenía en pie el sistema feudal. Fue al año siguiente que la dicha Asamblea revolucionaria convino en dar razón a «la plebe del campo» sancionando la abolición de los derechos señoriales, hecho ya vigente por decisión popular. Igual o parecida ocurrencia con respecto a la abolición oficial de la monarquía.

1920