domingo, 16 de septiembre de 2012

MAGONISTAS E INDÍGENAS JUNTOS EN LA REVUELTA




Se ve pues, que el pueblo mexicano es apto para llegar al comunismo, porque lo ha practicado, al menos en parte, desde hace siglos.
Ricardo Flores Magón.

La lucha que desde siglos atrás venían impulsando los grupos étnicos, su tenaz resistencia, así como la costumbre comunitaria, sin duda tienen una fuerte presencia en el pensamiento y acción magonistas.

El porfirismo fue sacudido y derribado, a ello los pueblos indígenas contribuyeron de manera decisiva.

A principios de siglo, el último grado en la escala de la explotación del trabajador mexicano lo ocupaba la población india: indios eran los peones en las haciendas, también había muchos indios en las minas, o en la construcción de vías del ferrocarril.

Numerosas acciones del Partido Liberal Mexicano están íntimamente vinculadas al pensamiento y a las formas de lucha de los pueblos indios. En proclamas, circulares, artículos, programas, movilizaciones, está presente el reclamo indígena. Losmagonistas, muchos de ellos indígenas o muy ligados a los pueblos indios, demandaron la restitución del territorio comunal y se lanzaron a través de la expropiación y la revuelta a la recuperación de tierras.

Los Magón fueron muy influenciados no sólo por don Teodoro, aquel representante comunal de pueblos del Distrito de Teotitlán del Camino; sino también por Palomares, Kankun, Donaciano Pérez y muchos otros que llevaban sangre india; ellos hicieron que el magonismo fuera parte de la tradición del socialismo comunalista mexicano.

Muchos de los magonistas, reivindicaron las formas de lucha de los indios, por eso sus escritos están impregnados de demandas y reclamos indigenas.

El ideal socialista de los magonistas identificaban la representación asamblearia, los trabajos comunitarios y el goce de la tierra en común, como formas antiguas, propias a los pueblos indios, las cuales representaban una alternativa revolucionaria.

En el Programa del Partido Liberal Mexicano de 1906 se presentan como reclamos, dos de las demandas más sentidas por los pueblos indios: la restitución de tierras y el respeto al municipio.

Ricardo Flores Magón en sus escritos identifica directamente la costumbre indigena con su propuesta de sociedad libertaria, alternativa al derrumbe porfirista.

Para él la revolución debía garantizar al pueblo el derecho de vivir, y que sólo la revolución social podria poner en las manos de todos, hombres y mujeres, la tierra, la fuente de vida. Y el bienestar y la libertad sólo se lograrían suprimiendo todo tipo de amos.La necesidad social más urgente de México es la dignificación de la raza ...

En sus escritos de 1911, Ricardo señala que los indígenas mexicanos al tomar las tierras de las haciendas, con el fusil en la mano y trabajándolas en común, están realizando una gran transformación social y económica. Contra lo que los socialistas doctrinarios afirmaban, Flores Magón señala que los bandidos, que tanto espantaban a los burgueses, no necesitaban leer a Kropotkin o a Marx para hacer la revolución social. En Regeneración, Ricardo escribe:

Hemos corrido la palabra a nuestros hermanos de las diferentes tribus indígenas que habían sido despojados de sus tierras, para que tomen inmediata posesión de ellas. Nuestras fuerzas los apoyarán en su obra reivindicatoria ...

El pueblo mexicano es apto para el comunismo, porque lo vive y lo ha vivido; los calpullis, las tierras comunales, los tequios y faenas, los mecanismos de representación de las tribus, de las comunidades, la férrea resistencia autóctona imponen su sello en el discurso y acción magonistas.

Los magonistas denuncian despojos y persecuciones, se integran a las reuniones, a las juntas conspirativas, a los grupos armados, se vinculan a la revuelta indígena.

No dejan de resultarnos conocidas las palabras de Felipe Carrillo Puerto:

Estamos tomando esas tierras comunales de las propiedades de los hacendados ... esas tierras no se dan a ningún individuo. Los mayas son un pueblo comunitario con una gran responsabilidad de grupo. Las tierras son comunes y pertenecen a la comunidad.

Los magonistas se ligaron estrechamente a las luchas de los pueblos máyas, yaquis, zoque-popolucas, zapotecas, nahuas y a los indios de la Baja California.

En ese sentido, el magonismo se inserta en una vieja tradición socialista, que muchas veces se manifiesta a través de una memoria oral, que recoge el espíritu del comunalismo indígena, el cual sin lugar a dudas, se presenta como un fuerte obstáculo al desarrollo de un modelo capitalista expoliador de todo tipo de riqueza, uniformador, centralista y occidental.


El grito de ¡Viva Tierra y Libertad! que conmovió diferentes regiones del territorio mexicano, también hizo temblar a caciques, terratenientes y jefes políticos, quienes bajo la protección de don Porfirio habían cercado pueblos enteros, saqueado sus maderas y engordado sus cuentas bancarias con la sangre, sudor y lágrimas de los trabajadores indios.

La vinculación del magonismo con la lucha indígena crea en gran parte, las condiciones para que, vía la lucha armada, los campesinos indígenas recobren tierras o eviten el despojo de ellas.

Ya por estos tiempos empezaron a entrar allá en Milpa Alta ciertas personas llamadas otomíes y zapotecos ... Cuando andaban los zapatistas se oían lenguas diferentes.
Doña Luz Jiménez.

Los delegados de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano recorrieron todo el país, llevando acuerdos e informaciones, mientras el grupo que permaneció en los Estados Unidos establecía por correspondencia contacto con los liberales, que en muchos lugares del país mantenían viva la resistencia. Muchos meses antes de los levantamientos de 1906, la Junta había ya establecido fuertes vInculos con las luchas indígenas.

El Partido Liberal Mexicano dividió militarmente al país en cinco zonas; Regeneración, el periódico de combate del cual se llegaron a editar más de treinta mil ejemplares, circulaba en muchas regiones del país. Algún viajero recuerda la atención con que un centenar de indígenas de la Tarahumara escuchaban la lectura de un ejemplar de Regeneración.

Hilario C. Salas invitaba en popoluca a la rebelión; en Yucatán los grupos magonistas impulsaban la guerra en los pueblos mayas. Abelardo Beave, recorría las sierras de Oaxaca, hablando a los indios sobre la revuelta que se preparaba, lo mismo hicieron otrosmagonistas entre los chontales de Tabasco y los yaquis de Sonora.

Cuando Ricardo Flores Magón señalaba que el sur nunca había tolerado a los tiranos, sólo podia referirse a la gran tradición comunitaria que había caracterizado a los pueblos indígenas de esa región de México. Y que no sólo se refería al trabajo sino también a la lucha armada.

En Morelos, un calpuleque de Anenecuilco acordó con los mayores que había llegado el tiempo de la rebelión, iniciando asi la gesta zapatista. Los magonistas con simpatía profunda establecieron nexos: muchos de ellos se fundieron a las luchas de las huestes surianas, al combate de los calzonudos que habían bajado de la sierra para hacerse justicia.

Los indios de México contribuyeron de manera decisiva a que la revolución se radicalizara, los magonistas promoverán constantemente la alianza con los movimientos indígenas, que vieron en la revuelta el único camino para defender su derecho. De ese modo, tal vez ignorándolo, preparaban el terreno para que fuera de provecho esa gran tormenta que venia: la revolución social.

Vientos magonistas en el norte del Istmo.

En la porción noroeste del Istmo de Tehuantepec, se ubicaban los cantones de Acayucan, Minatitlán y los Tuxtlas, en el Estado de Veracruz; y el cantón de Huimanguillo, en la Chontalpa tabasqueña. Allí el movimiento magonista y la tradicional lucha indigena se fundieron, para dar lugar a uno de los procesos de revuelta antiporfiristas más radicales y profundos.

Esta región ha sido habitada desde antiguo por comunidades de las etnias zoque, popoluca, nahua y chontal, las cuales son poseedoras de tierras y bosques ricos en maderas tropicales.

Estos indígenas ya enfrentaban los despojos y las arbitrariedades desde muchos años antes que, en un pueblo de la Mixteca oaxaqueña, naciera Hilario C. Salas, quien sería uno de los principales instigadores de la revuelta que en 1906 desmintió en los hechos, la paz social pregonada por los tecnócratas porfiristas.

Después de numerosos proyectos, el porfirismo hace posible el viejo sueño de comunicar a través del FF. CC. el Océano Pacífico con el Golfo de México.

La realización de este proyecto fue concesionada a la empresa inglesa Pearson and Son LTD., con cuyo propietario el dictador Díaz llevaba excelente relación.

El desarrollo de los puertos de Salina Cruz y México (Coatzacoalcos), así como la construcción del ferrocarril nacional de Tehuantepec, agudizó de manera violenta el despojo de tierras y bosques a las comunidades de esta región.

El mismo Pearson, sólo en el ex-cantón de Minatitlán acaparó un poco menos de cuarenta y dos mil hectáreas, otros extranjeros hicieron lo mismo con cientos de miles de hectáreas, destacándose la empresa deslindadora norteamericana Mexican Land and Co. De pronto las selvas, antiguo patrimonio comunal de los pueblos indígenas del Istmo de Tehuantepec, fueron medidas, amojonadas y registradas como propiedad de extranjeros o de nacionales muy ligados a la dictadura, tal sería el caso de más de ciento treinta y tres mil hectáreas que Romero Rubio, suegro de don Porfirio vende a Pearson.

Los bosques de maderas tropicales próximos a los ríos, a las vías o ai mar, fueron materialmente arrasados; en pocos años se instalaron monterías donde se extraían la caoba y el cedro; los bosques proveyeron de durmientes al ferrocarril, sin que este saqueo beneficiara a los antiguos dueños del recurso.

De ese modo, los indígenas no sólo sufrieron el despojo de sus recursos y la imposición de formas de trabajo esclavo, sino también la imposición de autoridades y de medidas represivas; quien protestaba era enviado a las selvas de Quintana Roo, al cercano Valle Nacional o bien, asesinado por los rurales -del cuerpo rural del sur de Veracruz surgiría el siniestro Francisco Cárdenas, asesino de Madero y Pino Suárez.

Esta situación de despojo y violencia contra la población indígena había creado las condiciones de descontento que permitirían el desarrollo de una respuesta masiva y violenta a lo que representaba la dictadura porfirista.

Cuando en 1904, hace su aparición en esta región el delegado en Veracruz del Partido Liberal Mexicano, los indígenas realizaban gestiones legales para recuperar lo que se les había despojado. En la tradición oral de los pueblos zoque-popoluca continúa vivo el recuerdo de los movimientos reivindicadores de principios de siglo.

Santiago Martínez Hernández, popoluca de Loma Larga, Veracruz, contó a los maestros Rufino y Emilio Pascual, hablantes de la misma lengua, su recuerdo:

Al terminar el siglo XIX y a principios de este siglo las comunidades aledañas de la Sierra de San Pedro Soteapan promovieron gestiones para definir sus límites territoriales y recuperar las tierras arrebatadas, mientras estaban en estas gestiones se declaró la propaganda y organización del gran Partido Liberal Mexicano iniciado por los hermanos Flores Magón y otros correligionarios.


Don Santiago relata:

Cuando don Hilario C. Salas llegó a San Pedro Soteapan los indigenas de la sierra estaban muy indignados porque los habían despojado de sus terrenos.

En los años de 1904 y 1905 se fundan clubes liberales en Chinameca y Puerto México, formados principalmente por trabajadores del ferrocarril Nacional de Tehuantepec.

Del club liberal Vicente Guerrero, en Chinameca, provendrían los encabezados Cándido Donato Padua y Enrique Novoa, quienes jugarían un importante papel en los sucesos posteriores.

Enrique Novoa fue colaborador de Regeneración, en sus escritos reclamaba tierras comunales despojadas.

Durante 1905 y 1906, los magonistas desarrollan un intenso trabajo de propaganda y de relación con representantes y comunidades indigenas.

Don Hilario C. Salas era el delegado de la Junta Organizadora del gran Partido Liberal Mexicano en el Estado de Veracruz. Tenia contacto con varios compañeros de la región. En los últimos dias del año de 1905 recorrió toda la región de la Sierra de San Pedro Soteapan, recuerda. don Santiago Martínez Hernández.

Ante la expansión creciente de las propiedades de los Pearson, de la Veracruz Land and Cattle Co. quienes en poco tiempo se apoderaron de más de ciento setenta y cinco mil hectáreas comunales, los pueblos indios cansados ya de gestiones legales, tuvieron gran entusiasmo por la causa liberal. Debido a ello, cuando en septiembre de 1906 circula en la región la Proclama a la Nación -donde el Partido Liberal Mexicano llama a la lucha armada-, Albino R. Valencia, Rosendo A. Zapata, Donato Pascual, Cayetano Francisco, Hilario C. Gutiérrez, Donaciano Pérez y otros cientos de indígenas preparan sus armas, para apoderarse de Puerto México, Acayucan, Minatitlán, Pajapan, Ixhuatlán Soteapan y Mecayapan.

Los indígenas sabían que había llegado el momento de recurrir a la revuelta para detener el proceso de expansión y despojo de los terratenientes.

El 28 de septiembre ocupan Soteapan, Mecayapan y Pajapan.

Un millar de indígenas traban violentos combates el 30 de septiembre en Acayucan, son derrotados y se repliegan a la serranía; el 4 de octubre aún se lucha en las cercanías de Soteapan, allí los federales son vencidos, pese a los refuerzos recibidos desde Juchitán.

En toda la región hubo revueltas que duraron algunos días antes de ser sofocadas. Se levantaron gentes de Acayucan, Soteapan, Loma Larga, Oluta, Hueyapan, Ixjuapan, San Juan Evangelista, Cuilona, Ocosotepec, Comoapan, Tecamichapan, Coacotla, Coapiloloya, Ixhuatlán y varias comunidades más.

El levantamiento de septiembre-octubre de 1906, no prosperó. Más de cuatrocientos insurrectos son enviados a San Juan de Ulúa, y sus pueblos incendiados. Otros permanecieron escondidos o algunos alzados en pequeños grupos; las comunidades continuaron sus trámites legales y en Ixhuatlán siguió la lucha contra el cacique Nicasio L. Rosaldo, encabezada por Daniel P. Gavilla.

Salas y Padua permanecen en la región trabajando con mucha discreción, huyendo en ocasiones ante el acoso de los cuerpos represivos; pero a pesar del cerco, logran dar impulso a la lucha. Hilario C. Salas sale de la región en 1906, llevando el aviso de rebelión a los Estados de Tlaxcala, Puebla y Oaxaca; para ello, se relaciona con trabajadores textiles y campesinos indígenas. Uno de ellos es Domingo Arenas, nahua que años después sería jefe zapatista en la región de los volcanes.

Mientras tanto, Cándido Donato Padua intensifica su agitación en la Sierra de Soteapan, entrando en relación con el rebelde chontal Ignacio Gutiérrez, ambos son nombrados Coroneles del ejército mexicano.

En agosto de 1910, el famoso bandido Santana Rodríguez Palafox, acepta ser designado delegado especial y comandante militar del Partido Liberal Mexicano.

En octubre de 1910, Padua rescata a sesenta yaquis; por su parte Santanón y su gente enfrentan a los rurales en Amamaloya, Veracruz, donde murió el 17 de octubre. En enero de 1911 Pédua ataca la estación de Chinameca, luego se dirige hacia Tabasco y se une al grupo de Ignacio Gutiérrez quien llevaba varios años preparando la lucha armada.

En febrero de 1911, Salas fue encarcelado en la Ciudad de México. por órdenes de Francisco I. Madero. cumpliendo disposiciones del gobierno maderista, la hacienda de Corral Nuevo se expandió sobre terrenos comunales, esta situación mantuvo en revuelta a los pueblos indígenas del sur de Veracruz, varios años después de que en 1914 fuera asesinado don Hilario.

Padua participó en varios enfrentamientos en el Estado de Tabasco, en uno de los cuales resultó gravemente herido.

Con la derrota de la revolución fueron vencidas las reivindicaciones de los pueblos indígenas del sur de Veracruz; tendrían que llegar los años cuarenta y cincuenta para que éstos fueran restituídos, vía dotación de ejidos, de sus tierras comunales. La mayoría de los participantes murieron pobres. Cándido Donato Padua, fue de los fundadores de la Federación Anarquista de México en los años cuarentas y murió esparciendo un mensaje de lucha radical.

Recientemente, en 1985. veinte mil indígenas nahuas de Pajapan, lograron frenar, después de encarcelamientos y enfrentamientos, la política de despojo que instaura el gobierno mexicano, en este caso a través de PEMEX.

Como en la memoria de los indigenas del sur de Veracruz no ha muerto la gesta magonista, tampoco ha terminado la lucha de los pueblos indigenas del Istmo que es una región donde la apoteosis petrolera invita a la revuelta.

La Oaxaca indigena se levanta.

En el Estado de Oaxaca el impacto de la modernización capitalista se agudiza con la construcción de los ferrocarriles Nacional de Tehuantepec y el Mexicano del Sur. Numerosas comunidades indigenas enfrentaron durante el porfiriato el despojo de compañías deslindadoras extranjeras; en ese entonces, la mineria cobra un auge importante. Oaxaca ocupa el cuarto lugar a nivel nacional en lo que se refiere a inversión extranjera.

El despotismo de gobernadores y la terrible corrupción de que hacían gala los jefes políticos, van a crear el terreno fértil para que Oaxaca, Estado mayoritariamente indígena, mire cómo se levantan las banderas magonistas.

El primer club liberal se fundó en 1900, impulsado por Don Retumbo Odriozola en la población de Cuicatlán. Pronto surgirían nuevos grupos liberales en todo el Estado.

Los jóvenes magonistas Adolfo C. Gurrión, de Juchitán, y el tehuano Plutarco Gallegos, fundan en 1906 el periódico La Semecracia, desde donde dirigirán severas criticas y denuncias en contra de los gobernantes y sus injusticias.

También entran en contacto con el Partido Liberal Mexicano el mihuatleco Aguilar, quien participó en el levantamiento de Juquila, en 1896; el ojiteco Sebastián Ortíz, quién habrá de levantarse en armas en enero de 1911; y el ingeniero Angel Barrios, cuyo nombre de batalla será Abelardo Beave, este aguerrido luchador se entrevistó con Ricardo Flores Magón, y al paso de los años llegaría a ser general zapatista.

Pronto los precursores magonistas en Oaxaca serán perseguidos, y muchos de ellos encarcelados en las mazmorras de San Juan de Ulúa. Faustino G. Olivera, de Etla, seguirá denunciando en 1907 y 1908 a través de La Voz de la Justicia los desmanes porfiristas. Adolfo C. Gurrión saldrá del Estado en 1907, para luego regresar a su natal Istmo de Tehuantepec, donde negociará la amnistta de quinientos indios zapotecos. Estos habían participado en la revuelta por la autodeterminación comunitaria que el Che Gómez encabezó en 1911. Adolfo será asesinado en agosto de 1913 por esbirros militares, acusado de rebelarse, allá por los rumbos de Tehuantepec.

A partir de 1910, en diferentes regiones del Estado, los indígenas se levantan para recuperar tierras y tirar jefes políticos. Por su parte, los zapatistas operan largamente en Oaxaca, sobre todo en la región mixteca; algunos magonistas habrán de integrarse a las huestes de Zapata llevando el grito de ¡Viva tierra y libertad!

Los yaquis ondean la bandera roja.

Luego de la ejecución del jefe Tetabiate, en julio de 1901, los yaquis en medio de una guerra de exterminio escuchan la palabra del temastián Tascaichola; aquella voz triste e indignada los incita a continuar la guerra santa por la tierra. Corresponde a Opodepe y Sibalaume encabezar la lucha guerrillera de los yaquis. En 1908 el delegado del Partido Liberal Mexicano en los Estados de Baja California y Sonora, es el indio Fernando Palomares; la alianza con el jefe Sibalaume se establece de manera natural, ese mismo año el Partido Liberal Mexicano también hará alianzas con los tarahumaras insurrectos que encabeza Santa Pérez.

El 31 de agosto de 1911, quinientos yaquis tomarán por asalto el cuartel federal en Pitahaya, Sonora, la bandera roja que plantaron allí, tenia dos palabras inscritas: Tierra y Libertad.

Ricardo Flores Magón informa del éxito que alcanza la flecha Regeneración usada por los yaquis: a una simple flecha se le ponía en la punta dinamita o nitroglicerina: los estragos que causaba entre los federales eran graves.

La guerra del yaqui terminará oficialmente hasta 1929; más de cincuenta años continuos de guerra, casi lograron hacer realidad el viejo sueño de los militares porfiristas: exterminar a la fiera.

Los magonistas aterrorizan a la casta divina.

En el norte de Yucatán, a principios del siglo XX, existía la esclavitud, el periodista norteamericano John Kenneth Turner describe esa inhumana situación fincada en el control de la explotación del henequén (ki). Al sur de la península, los mayas insumisos seguían teniendo como capital a la vieja Xbatab, en el corazón del reino de la Cruz Parlante.

Los grupos liberales distribuyeron el Programa de 1906 en el norte de Yucatán y se preparan para la revuelta armada; realizan una gran campaña de agitación, que incluye la explosión de bombas en Tepich, Acanceh y otros pueblos mayas; en 1910 se levantan en armas en Valladolid. Este movimiento es derrotado y decenas de magonistas padecerán la cárcel, tres de ellos serán ejecutados, sus nombres: Ramírez Bonilla, Kankun y Albertos.

Ya en el periodo armado se destacarán Rafael Gamboa, (a) El Ravachol, y Felipe Carrillo Puerto, (a) Yaax Ich, quienes habrán de fundar el Partido Socialista del Sureste.

Felipe Carrillo Puerto, de origen motuleño, tradujo al maya la Constitución de 1857 e intervino en apoyo de comunidades mayas, como Kaxatah y Dzununcan; de oficio ferrocarrilero y pequeño comerciante, luego de trabajar en la zona liberada de Morelos, regresa a Yucatán y es electo gobernador.

En 1918 dará impulso a un gran proceso de recomunalización que le habrá de costar la vida. Para Carrillo Puerto el socialismo se basaba en el pasado comunalista maya, pues consideraba que:

Nadie es propietario exclusivo de la tierra, como nadie lo es de la luz ni del aire.

También señala:

Yucatán es maya ... Nuestro pueblo tiene una larga historia, una tradición rica, una memoria tenaz ...

Este luchador apasionado amará más allá de la muerte a su Peregrina y al pueblo maya.

Para el Partido Socialista del Sureste, la primera meta fue redistribuir las tierras comunales, o ejidos, a los indígenas. La apropiación de la tierra por las comunidades indígenas fue la principal contribución de los viejos liberales a la revolución.

Los campesinos dicen basta y lo demuestran con los hechos.
¡Nemi Zapata! ¡Nemi Zapata! Nian ca namotata; ayemo miqui. ¡Nemi Zapata!.

A partir de junio de 1910, se inician de manera ascendente los levantamientos revolucionarios que en 1911 determinarian la caida de Porfirio Diaz.

La situación de guerra que impera en tierras mexicanas impide la comunicación entre los magonistas, muchos quedan aislados y se integran a los ejércitos campesinos-

Después de la toma de Guadalupe, Chihuahua, que en 1911 hace el ejército libertario encabezado por Prisciliano Silva, losmagonistas tendrán como enemigo principal al maderismo, este hecho dividiria profundamente al Partido Liberal Mexicano.

Los magonistas lograron controlar por cinco meses una amplia zona de la Baja California Norte; mantuvieron durante más de dos años grupos armados operando en los Estados del norte del pais. A partir de 1912 se agudiza el proceso de incomunicación del núcleo del Partido Liberal Mexicano que reside en los Estados Unidos y los magonistas que en México, armas en mano, luchan por tierra y libertad.

En 1913, el magonista Antonio de P. Araujo entra en negociaciones con Zapata y éste propone que Regeneración se publique en Morelos, zona liberada. Los magonistas Barrios, Rangel, Diaz Soto y Gama entre muchos otros, participan activamente dentro de los ejércitos zapatistas compuestos fundamentalmente por indigenas nahuas, mixtecos, amuzgos, otomies, etc. La presencia de los magonistas imprimirá su huella al zapatismo.

Ricardo Flores Magón, a través de articulos publicados en Regeneración principalmente en los años de 1914 y 1915 se lanza constantemente en la defensa del zapatismo, en el cual ve, a diferencia del villismo, la materialización del ideal revolucionario.

En el norte del país, las milicias magonistas, se habían integrado a los ejércitos campesinos que encabezaban Lucio Blanco y los hermanos Arrieta, quienes fueron los primeros en tomar las tierras de las haciendas y repartirlas entre los peones.

Los trastornos en la comunicación entre el núcleo magonista que resistía en el norte y los revolucionarios de México, fueron agudizados con la constante persecución y encarcelamiento de muchos de los primeros.

La Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano difundirá a través de sus publicaciones denuncias en contra de los gobiernos de Madero, Huerta y Carranza, por lo cual éstos solicitarán al gobierno norteamericano que persiga a los bandidos magonistas.

En un contexto de guerra mundial, y de un ascenso generalizado de las luchas reivindicatorias de los pueblos del mundo, el núcleo del Partido Liberal Mexicano en Estados Unidos, dirigirá una exhortiva a la revolución mundial y expresará abiertamente su apoyo a los rebeldes que en Texas, Oklahoma y otros Estados de la Unión Americana se levantan en armas en contra de su gobierno.

Para Ricardo Flores Magón el triunfo de la revolución mexicana estaba ligado necesariamente a la revuelta mundial, incluyendo a la revolución norteamericana, bien sabia que los grandes capitalistas de los Estados Unidos y su ejército jamás permitirían que su vecino del sur consolidara un proceso revolucionario.

Ricardo Flores Magón, fue asesinado en una cárcel norteamericana. Los magonistas sobrevivientes persistieron en su lucha hasta que la muerte les arrancó el último soplo de vida, congruentes con aquella proclama de 1914:

Ahora a trabajar con el mismo brío de antes, hasta morir o vencer. ¡Viva Tierra y Libertad!

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