
Desde 1931, cuando el Estado de Chile impuso el código del trabajo a
través del dictador Calor Ibáñez del Campo, lxs trabajadorxs perdieron
su capacidad política y fueron convirtiéndose paulatinamente en meros
agentes productibles y consumidores de la sociedad chilena actual. La
autonomía que presidia a lxs trabajadorxs antes de 1931, representada
sobre todo por las mancomunales y las sociedades de socorros mutuos en
que se organizaban, les permitían hacer política por sí mismxs sin tener
como mediadores a los políticos del Estado. Si bien se podría decir que
esto creaba precarias condiciones laborales para lxs trabajadorxs,
pues, nada estaba regulado legalmente, esto, también permitía, entre
otras cosas, mantener los fondos de ahorros en manos de lxs
trabajadorxs, negociar directamente con el patrón a través de huelgas
generales y, más importante aún, permitía a lxs trabajadorxs hacer
política por ellxs mismxs sin tener que preguntar al Estado chileno si
podía hacer algo por ellxs, ya que, la clase trabajadora actuaba
autónomamente.
Luego de 1931, cuando se impone el código del
trabajo, la única organización legal para aunar a lxs trabajadorxs serán
los sindicatos, que pasarán a ser legales y a estar apadrinados por el
Estado. Si antes lxs trabajadorxs actuaban autónomamente, ahora, estos
pasan a ser agentes peticionarios de sociedad en donde piden que se
hagan leyes a través de mecanismos estatales en vez de reproducirlas
ellxs mismxs. Ya no hay más trato directo con el patrón (el cual muchas
veces profita del Estado y viceversa). Por otro lado, los fondos de
ahorros pasan a manos estatales (los cuales luego pasarán a manos
privadas con las llamadas AFP). Pero, peor aún, luego de 1931 se pierde
la autonomía política de lxs trabajadorxs, y no tan sólo se pierde, sino
que se desenfoca, el Estado la focaliza en hacer de ellxs meros
consumidores. No es casualidad que en la década de los 50 comience la
introducción de lo que se conoce como la cultura de masas o industria
cultural en Chile, en donde, prácticamente la población se despolitiza
en son volver a los individuos fanáticos consumidores de productos de
entretención y banalidades estéticas, sistema que se ha mantenido y
profundizado, hasta nuestros días.
La contingencia actual de la pandemia COVID-19 ha demostrado esta transfiguración
de la agencia, o el cierto porvenir, por el cual han pasado lxs
trabajadorxs chilenos en su historia. Al estar despolitizados no han
podido actuar autónomamente y al contrario han actuado mediante la
apadrinación del Estado que, en vez de tratar de protegerlos, sólo ha
tratado de proteger la economía del país y a sus consumidores que son la
base de dicha economía, la cual, a la vez, no sustenta el bienestar del
país, sino del Estado. Es por esto que como anarquistas llamamos a la
autonomía política de lxs trabajadorxs fuera del campo estatal. Porque
si bien las medidas de protección de lxs trabajadorxs han mejorado desde
1931, no fue gracias al código del trabajo, ni a la acción estatal y
sus incontables reformas, sino que más bien, fue gracias a la práctica
de lxs trabajadorxs que poco a poco trataron de recuperar su autonomía
política, pero que fueron traicionados y masacrados por el mismo Estado
chileno una y otra vez, hasta la actualidad cuando el pueblo pide
dignidad.
En nuestro presente las condiciones laborales están lejos de
ser las más adecuadas, pues, como trabajadorxs seguimos convertidos en
meros y meros consumidores dentro de un mercado-comercial-económico
regulado por la mano visible (y nunca invisible) del capitalismo
internacional, el cual, ha precarizado cada vez más la vida de las
personas y ha despolitizado a lxs individuos tratándolos como
ignorantes.
Es por esto y mucho más que en este primero de mayo
es necesario hacer un llamado a la autonomía política de lxs
trabajadorxs, para que estos logren llegar al bienestar máximo de las
personas, por ellxs mismxs, a través del apoyo mutuo, la fraternidad y
el amor. Todxs somos trabajadorxs, nadie es patrón. Entonces ¿de qué
sirve el gobierno y el Estado? Organízate y lucha.
¡Que viva la anarquía: Amor, Solidaridad y Fraternidad! ¡Que vivan lxs trabajadorxs del mundo!
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