Espacio de Difusión Libertaria resistiendo en Venezuela
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La marcha que pasó sobre la polarización
De
(A)ntumbra
Andrea Paola Hernández
La concentración de Caracas en el Día Internacional de la Mujer no tuvo
el tamaño de las de Madrid, Ciudad de México o Santiago de Chile. Pero
logró algo rarísimo: congregar por una misma causa a chavistas y no
chavistas
Menos de cien personas participaron en la protesta en Caracas. En otras ciudades del mundo fueron decenas de miles
Foto: Iván E. ReyesCaminaba
hacia Chacaíto para dirigirme a la Plaza Brión, donde empezaba la serie
de manifestaciones para conmemorar el Día Internacional de la Mujer,
cuando escuché una voz de hombre comentando algo sobre mis piernas
mientras cruzaba la calle. Venía de una patrulla del Sebin. En la Plaza Brión estaban pegadas 43
lápidas hechas de cartón con los datos de los feminicidios cometidos en
Venezuela en lo que va de año, según han sido confirmados por
asociaciones civiles, ya que desde 2014, año en el que el feminicidio se
tipificó como un delito en la reforma de la Ley Orgánica por el Derecho
de las Mujeres a una Vida libre de Violencia, las cifras oficiales no
han sido registradas. Alguien susurraba con tristeza que faltaban los
cinco nombres que se habían sumado a la lista esa mañana.
Con lápidas de cartón, la manifestación intentó llamar la atención sobre las venezolanas asesinadas
Foto: Iván E. ReyesEsta fue la bandera principal para
las actividades de 8 de marzo en Caracas, que incluían dos convocatorias
de calle. “El 8M no es una fiesta, es para luchar por nuestros
derechos”, dijo Melanie Agrinzones, coordinadora de Uquira, quienes
convocaron la manifestación. “Estamos aquí para reclamar justicia por
aquellas que fueron asesinadas, víctimas del machismo y el sistema
patriarcal. Para exigirle al Estado las cifras oficiales, que basta ya
de maternalismo político: nosotras no somos un objeto político, nosotras
estamos aquí para luchar por y para las mujeres”. Los asistentes, en su mayoría
mujeres, se pintaban frases en el cuerpo o se ayudaban a terminar sus
pancartas. Además de Uquira, estuvieron presentes la Red de Mujeres de
Amnistía Internacional, la Red Naranja, Fundamujer, Hombres por la
equidad y la igualdad, Hermanas Naturales, Welab, Aliadas en Cadena,
Feminismo INC, el Centro de Estudios de la Mujer, Mujeres Radio, Mujer y
Ciudadanía, las Comadres Púrpura y activistas independientes. Más de 50
personas se organizaron junto a las lápidas pegadas sobre el ajedrez
del piso, cantando los nombres de cada una de las asesinadas. “Lamentándolo mucho, todavía es
mínima la convocatoria para la cantidad de feminicidios que ocurren en
el país”, dijo Evelyn Pinto, politóloga y activista. “Es lamentable que
un derecho tan fundamental, el derecho a la vida, se esté violentando en
Venezuela, que no hay garantías ni sistema de justicia que nos proteja,
hay impunidad para el asesino y todavía la gente sea indolente ante
esto”. Afirmó que podrían asistir muchas personas más, pero no se
enteran de las actividades. “Es muy importante que todas las
organizaciones políticas, ONG, e incluso, movimientos estudiantiles y
empresas se sumen a estas convocatorias, porque esto tiene que ver
también con el país. Muchas veces la polarización y la agenda política
hace que estas cosas queden en segundo plano y resulta que sin mujeres
no hay democracia”. La marcha arrancó puntual hacia
Sabana Grande. Al entrar al municipio Libertador, noté una moto de
policía a nuestra izquierda. Ya me habían advertido que mi pecho
descubierto podía generar que nos detuvieran, así que todas empezamos a
preocuparnos. La moto se convirtió en dos, luego en cuatro. Alguien me
gritó “pendiente, que se trajeron una femenina”, término que hace
referencia a una funcionaria policial mujer, lo que les permite
revisarte sin alegar que no quieres que un policía hombre te toque. La
marcha, cuyo propósito era hacer un recorrido lento y con paradas,
empezó a acelerar el paso, mientras la tensión aumentaba con el número
de policías. El momento cumbre de la inseguridad llegó cuando tanto
colectivos motorizados como policías empezaron a hacer videos y fotos de
nosotros. Algunas activistas se acercaron a
hablar con la policía para preguntarles el motivo de su presencia.
Dijeron que estaban ahí para protegernos y para asegurarse de que la
manifestación no se saliera de control, pero que no podíamos seguir
avanzando porque estábamos obstruyendo la vía pública y no teníamos
permiso para protestar. Desde Chacaíto estaban vigilando que no usáramos
consignas partidistas porque creyeron que era una marcha de la
oposición. Nos encontrábamos a la altura del Pasaje La Concordia, y las
mujeres mediaron para que nos permitieran continuar hasta el final del
bulevar, aunque el destino final era la Plaza Venezuela. Dejamos de usar
las consignas que hacían referencia al Estado, y la sensación de
inseguridad crecía.
Iban por el bulevar de Sabana Grande, pero la policía alegaba que estaban obstruyendo el libre tránsito
Foto: Iván E. ReyesAl llegar al final del bulevar,
hablaron con la policía para continuar hasta la plaza por las aceras,
sin obstruir el paso. Cuando lo logramos, se hizo un minuto de silencio
en círculo por las mujeres asesinadas. Al anunciar el fin de la
actividad, la policía automáticamente se dispersó. Luego nos unimos a la convocatoria de
En Tinta Violeta y la Articulación Feminista, un conjunto de
agrupaciones que decidió unificar voces. Comenzó a las 3 p.m., con más
de cien personas presentes. Además de algunos grupos que acompañaban
desde Chacaíto, se unieron Faldas-R, la Red Araña Feminista, el
colectivo Pan y Rosas, Marea Socialista, el Movimiento de Inquilinxs
Pobladorxs, así como representaciones de movimientos indígenas y trans.
Solo había dos policías presentes, cuyo único reclamo fue que no
podíamos conectar el equipo de sonido frente a la Alcaldía. Mientras
gritábamos “las calles son del pueblo, no de la policía”, los
funcionarios desconectaron el equipo. “Yo creo que el movimiento feminista
venezolano siempre ha sido un movimiento mediatizado”, dijo Daniella
Inojosa, de En Tinta Violeta. “Mediatizado por los partidos, mediatizado
por el Estado, mediatizado por la fuerza que siempre está en
polarización en Venezuela. Eso nos ha hecho mucho daño, porque nos baja
las banderas. Terminan siendo las banderas de la polarización y no las
banderas de las mujeres. Nuestra bandera hoy es contra los
feminicidios”. Otras de las demandas eran salarios justos, desfeminización de la crisis (es decir, reducir la especial vulnerabilidad
de las venezolanas a la emergencia humanitaria compleja), aborto legal,
cumplimiento de la ley y cese de la impunidad, casas de abrigo, cierre
del Arco Minero, dejar de pagar la deuda externa para invertir en salud
pública para mujeres, vivienda para mujeres desalojadas y que poder
contar con el apoyo del Estado si hace falta retirar a las mujeres de su
vivienda o trabajo porque están siendo víctimas de abuso. La gente
alrededor observaba, y algunos hasta mostraban interés. Mis pechos
descubiertos no recibieron ningún comentario, lo que me hacía sentir
acompañada y segura: mi cuerpo estaba normalizado, no era algo ajeno, ni
siquiera algo rebelde. Era un cuerpo exigiendo derechos, como todos. Una pancarta reflejaba 53
feminicidios, la cifra actualizada para esa hora: diez más que los que
contábamos cuando empezamos la manifestación. “Uno de los mayores
problemas es que el gobierno no da cifras oficiales. Sabemos que la
cifra es alarmante pero no hay un estudio real de qué está pasando y así
no se pueden tomar medidas concretas para solucionarlo”, comentaba
Suhey Ochoa, del colectivo Pan y Rosas. “Lo hace intencionalmente para
no dar respuesta a la vida de la mujer. Hay que exigirle al Estado, y el
movimiento de mujeres tiene que ser muy grande para que eso funcione,
tiene que estar en la calle y exigirlo porque no nos lo van a regalar:
las mujeres nunca hemos ganado nada regalado, sino que hemos estado en
la calle para exigir nuestros derechos”.
«Ni una menos», el lema que moviliza a miles de mujeres en la región, en Venezuela parece importar a unas pocas agrupaciones
Foto: Iván E. ReyesAl finalizar la manifestación, la
sensación era de satisfacción. Las agrupaciones feministas venezolanas,
como también pasa en otros lugares del mundo, habían logrado algo que
nadie más ha hecho, silenciar por un momento las ideologías, los
partidos y las diferencias para exigir lo mismo: que los derechos
humanos de la mitad de la población sean respetados y protegidos.
Extraído de: cinco8.com, publicado por Andrea Paola Hernández el 10 de marzo de 2020.
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